Antonio Torralba
[Publicado hoy en El Día de Córdoba]
[11 de julio de 2010. XXX Festival de
Trasladada desde su ubicación inicialmente prevista (
Antonio Torralba
[8 de julio de 2010. XXX Festival de
Menos diversificada e imaginativa que la dedicada a la música pop, la programación, digamos, culta del Festival de
Isaac Albéniz (1860-1909), como es bien sabido, no compuso para la guitarra, aunque su música pianística parece influida por el instrumento español por antonomasia, y ha sido objeto de tantas transcripciones e interpretaciones que piezas como la que abrió el recital del jueves (Asturias) resuenan en el imaginario colectivo tan “de guitarra” como las del otro protagonista de la noche. En efecto, Francisco Tárrega (1852-1909) fue un extraordinario guitarrista y, como compositor, una muestra de que el genio musical puede manifestarse también en los géneros que la historia de la música ha dado en considerar menores, como la llamada “música de salón”, en la que se insertan también, por otra parte, muchas piezas del genial Albéniz.
Ambos autores unieron la música del período romántico en que nacieron con las del Nacionalismo (y otros ismos) entre las que se desenvolvió su madurez, encontrando la fórmula que propició la mejor aportación hispana a la música desde el Renacimiento. Y el jueves tuvieron la suerte póstuma (la música, para serlo, necesita intérpretes) de caer en las manos del mago de la guitarra Pepe Romero, manos capaces de volver fáciles los pasajes más endiablados y andar todavía sobradas para buscar la emoción y la poesía. Un público conocedor aplaudió entregado cada interpretación y arrancó dos propinas que prolongaron un ya de por sí generoso recital: Fantasía Cubana de Celedonio Romero y, antes, Recuerdos de
Antonio Torralba
[Publicado hoy en El Día de Córdoba]
Ah, la melodía del Nokia:

[24 de junio de 2010. Ciclo de Conciertos Populares. Conciertos en Familia. ¡Viva
Una magnífica orquesta (lujo cultural de la ciudad), el veterano y simpático divulgador musical Fernando Argenta, un público numerosísimo y entregado y un puñado de obritas clásicas de eficacia más que probada llenaron la noche de
Antonio Torralba