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lunes, 30 de agosto de 2010

LA CELESTINA Y LAS NEURONAS ESPEJO

En el Acto II de la Tragicomedia de Calisto y Melibea, Sempronio, intentando consolar a su señor Calisto, le dice:


SEMPRONIO.-  Lee más adelante, vuelve la hoja. Hallarás que dicen que fiar en lo temporal y buscar materia de tristeza, que es igual género de locura. Y aquel Macías, ídolo de los amantes, del olvido porque le olvidaba se queja. En el contemplar ésta es la pena de amor, en el olvidar el descanso. Huye de tirar coces al aguijón, finge alegría y consuelo y serlo ha. Que muchas veces la opinión trae las cosas donde quiere, no para que mude la verdad, pero para moderar nuestro sentido y regir nuestro juicio.


Finge alegría y consuelo y serlo ha.
En efecto, aunque se habla de las neuronas espejo fundamentalmente como las responsables de la empatía, esto es, de provocar una actividad cerebral similar más o menos a la que genera una acción también con su sola observación, parece que asimismo funcionan, entre otras cosas, en la línea que apuntaba Sempronio: ayer escuché a Marco Iacoboni (entrevistado por Punset en la tele) explicar un experimento que venía a demostrar que personas obligadas a fingir risa a menudo (unos contratados para programas de televisión) mejoraban significativamente unos indicadores que medían su grado de felicidad. En fin. 
Pero qué bonito está dicho por el autor de La Celestina
Huye de tirar coces al aguijón, finge alegría y consuelo y serlo ha. Que muchas veces la opinión trae las cosas donde quiere, no para que mude la verdad, pero para moderar nuestro sentido y regir nuestro juicio.



domingo, 28 de diciembre de 2008

La media noche es pasada

Fragmento memorable de la literatura española éste que copio más abajo de La Celestina. Una de las canciones que cantan en el huerto Melibea y Lucrecia en voz baja (y muy passo entre estas verduricas) puede ser la perla del Cancionero de Uppsala: Si la noche haze escura, acaso salida del talento de Francisco Guerrero.

Si la noche haze escura

y tan corto es el camino,

¿Como no venis, amigo?

La media noche es pasada 

Y el que me pena no viene; 

Mi desdicha lo detiene, 

¡Que nasçi tan desdichada!

Hazeme bivir penada

Y muestraseme enemigo.

¿Como no venis, amigo?


La canción es heredera de las canciones de amigo. La amada añora al amigo ausente (mi amor en absencia). Por primera vez en la literatura española, el amado llega...Es muy bonito lo que dice Melibea cuando, ya llegado Calisto, éste le pide que siga cantando: ¿Cómo cantaré, que tu desseo era el que regía mi son y hazía sonar mi canto? Pues conseguida tu venida, desaparecióse el desseo, destemplóse el tono de mi voz.


CAL. __ Poned, moços, la escala y callad, que me paresce que está hablando mi señora de dentro. Sobiré encima de la pared y en ella estaré escuchando, por ver si oyré alguna buena señal de mi amor en absencia. 
MELIB. __ Canta más, por mi vida, Lucrecia, que me huelgo en oyrte, mientra viene aquel señor, y muy passo entre estas verduricas, que no nos oyrán los que passaren. 
LUCR. __ ¡O quién fuesse la ortelana de aquestas viciosas flores, por prender cada mañana al partir a tus amores! Vístanse nueuas collores los lirios y el açucena; derramen frescos olores, quando entre por estrena. 
MELIB. __ ¡O quán dulce me es oyrte! De gozo me deshago. No cesses, por mi amor. 
LUCR. __ Alegre es la fuente clara a quien con gran sed la vea; mas muy más dulce es la cara de Calisto a Melibea. Pues, avnque más noche sea, con su vista gozará. ¡O quando saltar le vea, qué de abraços le dará! Saltos de gozo infinitos da el lobo viendo ganado; con las tetas los cabritos, Melibea con su amado. Nunca fue más desseado amado de su amiga, ni huerto más visitado, ni noche más sin fatiga. 
MELIB. __ Quanto dizes, amiga Lucrecia, se me representa delante, todo me parece que lo veo con mis ojos. Procede, que a muy buen son lo dizes y ayudarte he yo. 
LUCR. MELIB. __ Dulces árboles sombrosos, humillaos quando veays aquellos ojos graciosos del que tanto desseays. Estrellas que relumbrays, norte y luzero del día , ¿Por qué no le despertays, si duerme mi alegría? 
MELIB. __ Oyeme tú, por mi vida, que yo quiero cantar sola. Papagayos, ruyseñores, que cantays al aluorada, lleuad nueua a mis amores, cómo espero aquí asentada. La media noche es passada, y no viene. Sabedme si ay otra amada que lo detiene. 
CAL. __ Vencido me tiene el dulçor de tu suaue canto; no puedo más suffrir tu penado esperar . ¡O mi señora y mi bien todo! ¿Quál muger podía auer nascida, que despriuasse tu gran merecimiento? ¡O salteada melodía! ¡O gozoso rato! ¡O coracón mio! ¿Y cómo no podiste más tiempo sufrir sin interrumper tu gozo y complir el desseo de entrambos? 
MELIB. __ ¡O sabrosa trayción! !O dulce sobresalto! ¿Es mi señor de mi alma? ¿Es él? No lo puedo creer. ¿Dónde estauas, luziente sol? ¿Dónde me tenías tu claridad escondida? ¿Auía rato que escuchauas? ¿Por qué me dexauas echar palabras sin seso al ayre, con mi ronca boz de cisne? Todo se goza este huerto con tu venida. Mira la luna quán clara se nos muestra, mira las nuues cómo huyen. Oye la corriente agua desta fontezica, ¡quánto más suaue murmurio su río lleua por entre las frescas yeruas! escucha los altos cipreses, ¡cómo se dan paz unos ramos con otros por intercessión de vn templadico viento que los menea! mira sus quietas sombras, ¡quán escuras están y aparejadas para encobrir nuestro deleyte! Lucrecia, ¿qué sientes, amiga? ¿Tórnaste loca de plazer? Déxamele, no me le despedaces, no le trabajes sus miembros con tus pesados abraços. Déxame gozar lo que es mio, no me ocupes mi plazer. 
CAL. __ Pues, señora y gloria mía, si mi vida quieres, no cesse tu suaue canto. No sea de peor condición mi presencia, con que te alegras, que mi absencia, que te fatiga. 
MELIB. __ ¿Qué quieres que cante, amor mío? ¿Cómo cantaré, que tu desseo era el que regía mi son y hazía sonar mi canto? Pues conseguida tu venida, desaparecióse el desseo, destemplóse el tono de mi boz. Y pues tú, señor, eres el dechado de cortesía y buena criança, ¿cómo mandas a mi lengua hablar y no a tus manos que estén quedas? ¿Por qué no oluidas estas manos? Mándalas estar sossegadas y dexar su enojoso vso y conuersación incomportable. Cata, ángel mío, que assí como me es agradable tu vista sossegada, me es enojoso tu riguroso trato; tus honestas burlas me dan plazer, tus deshonestas manos me fatigan quando passan de la razón. Dexa estar mis ropas en su lugar y, si quieres ver si es el hábito de encima de seda o de paño, ¿para qué me tocas en la camisa? Pues cierto es de lienço. Holguemos y burlemos de otros mill modos que yo te mostraré; no me destroces ni maltrates como sueles. ¿ Qué prouecho te trae dañar mis vestiduras? 
CAL. __ Señora, el que quiere comer el aue, quita primero las plumas. 
LUCR. __ Mala landre me mate si más los escucho. ¿Vida es ésta? !Que me esté yo deshaziendo de dentera y ella esquiuándose porque la rueguen! Ya, ya apaziguado es el ruydo: no ouieron menester despartidores.  Pero también me lo haría yo, si estos necios de sus criados me fablassen entre día; pero esperan que los tengo de yr a buscar. 
MELIB. __ Señor mio, quieres que mande a Lucrecia traer alguna colación? 
CAL. __ No ay otra colación para mi sino tener tu cuerpo y belleza en mi poder. Comer y beuer, donde quiera se da por dinero, en cada tiempo se puede auer y qualquiera lo puede alcançar; pero lo no vendible, lo que en toda la tierra no ay ygual que en este huerto, ¿ cómo mandas que se me passe ningún momento que no goze? 
LUCR. __ Ya me duele a mi la cabeça de escuchar y no a ellos de hablar ni los braços de retoçar ni las bocas de besar. ¡Andar! Ya callan: a tres me parece que va la vencida.    
CAL. __ Jamás querría, señora, que amaneciesse, según la gloria y descanso que mi sentido recibe de la noble conuersación de tus delicados miembros. 
MELIB. __ Señor, yo soy la que gozo, yo la que gano; tú, señor, el que me hazes con tu visitación incomparable merced. 
SOS. __ Assí, vellacos, rufianes, veníades a asombrar a los que no os temen? Pues yo juro que si esperárades, que yo os hiziera yr como merecíades. 
CAL. __ Señora, Sosia es aquél que da bozes. Déxame yr a valerle, no le maten, que no está sino un pajezico con el. Dame presto mi capa, que está debaxo de ti. 
MELIB. __ O triste de mi ventura! No vayas allá sin tus coraças; tórnate a armar. 
CAL. __ Señora, lo que no haze espada y capa y coraçón, no lo fazen coraças y capaçete y couardía. 
SOS. __ Avn tornays? Esperadme. quiçá venís por lana.    
CAL. __ Déxame, por Dios, señora, que puesta está el escala. 
MELIB. __ O desdichada yo! Y¿ cómo vas tan rezio y con tanta priessa y desarmado a meterte entre quien no conosces? Lucrecia, ven presto acá, que es ydo Calisto a vn ruydo. Echémosle sus coraças por la pared, que se quedan acá. V   
TRIST. __ Tente, señor, no baxes, que ydos son; que no era sino Traso el coxo y otros vellacos, que passauan vozeando. Que ya se torna Sosia. Tente, tente, señor, con las manos al escala. 
CAL. __ ¡O, válame Santa María! ! Muerto soy! ¡ confessión! 
TRIST. __ Llégate presto, Sosia, que el triste de nuestro amo es caydo del escala y no habla ni se bulle. 
SOS. __ ¡Señor, señor! ¡A essotra puerta! ¡Tan muerto es como mi abuelo! ¡O gran desuentura! 
LUCR. __ ¡Escucha, escucha! !Gran mal es éste! 
MELIB. __ ¿Qué es esto? ¿Qué oygo? !Amarga de mí! 
TRIST. __ ¡O mi señor y mi bien muerto! ¡O mi señor despeñado! ¡O triste muerte sin confessión! Coge, Sosia, essos sesos de essos cantos, júntalos con la cabeça del desdichado amo nuestro. ¡O día de aziago!  !O arrebatado fin! 
MELIB. __ ¡O desconsolada de mí1 ¿Qué es esto? ¿Qué puede ser tan áspero acontecimiento como oygo? Ayúdame a sobir, Lucrecia, por estas paredes, veré mi dolor; si no, hundiré con alaridos la casa de mi padre. ¡Mi bien y plazer, todo es ydo en humo! ¡Mi alegría es perdida! ¡Consumióse mi gloria!   
LUCR. __ Tristán, ¿qué dizes, mi amor? ¿qué es esso, que lloras tan sin mesura?
TRIST. __ ¡Lloro mi gran mal, lloro mis muchos dolores! Cayó mi señor Calisto del escala y es muerto. Su cabeça está en tres partes. Sin confessión pereció. Díselo a la triste y nueua amiga, que no espere más su penado amador. Toma tú, Sosia, dessos pies. Lleuemos el cuerpo de nuestro querido amo donde no padezca su honrra detrimento, avnque sea muerto en este lugar. Vaya con nosotros llanto, acompáñenos soledad, síganos desconsuelo, visítenos tristeza, cúbranos luto y dolorosa xerga. 
MELIB. __ ¡O la más de las tristes triste! ¡Tan tarde alcançado el plazer, tan presto venido el dolor! 
LUCR. __ Señora, no rasgues tu cara ni meses tus cabellos. ¡Agora en plazer, agora en tristeza! ¿Qué planeta houo, que tan presto contrarió su operación? ¡Qué poco coraçón es este! Leuanta, por Dios, no seas hallada de tu padre en tan sospechoso lugar, que serás sentida. señora, señora, ¿No me oyes? No te amortezcas, por Dios. Ten esfuerço para sofrir la pena, pues touiste osadía para el plazer. 
MELIB. __ ¿Oyes lo que aquellos moços van hablando? ¿oyes sus tristes cantares? ¡Rezando lleuan con responso  mi bien todo! ¡Muerta lleuan mi alegría!¡ No es tiempo de yo biuir! ¿Cómo no gozé más del gozo?   ¿Cómo tuue en tan poco la gloria que entre mis manos toue? ¡O ingratos mortales! ¡jamás conocés vuestros bienes, sino quando dellos caresceys! 
LUCR. __ Abíuate, abiua, que mayor mengua será hallarte en el huerto que plazer sentiste con la venida ni pena con ver que es muerto. Entremos en la cámara, acostarte as. Llamaré a tu padre y fingiremos otro mal, pues este no es para poderse encobrir.

La versión del Cancionero de Uppsala por Hesperion XX



Menos hermosa melódicamente me parece la versión de Diego Pisador. Aquí, cantada por Nuria Rial con acompañamiento de José Miguel Moreno.




Una actividad interesante para realizar en clase pudiera ser versionar a la moderna este fragmento:

MELIB. __ (...) Y pues tú, señor, eres el dechado de cortesía y buena criança, ¿cómo mandas a mi lengua hablar y no a tus manos que estén quedas? ¿Por qué no oluidas estas manos? Mándalas estar sossegadas y dexar su enojoso vso y conuersación incomportable. Cata, ángel mío, que assí como me es agradable tu vista sossegada, me es enojoso tu riguroso trato; tus honestas burlas me dan plazer, tus deshonestas manos me fatigan quando passan de la razón. Dexa estar mis ropas en su lugar y, si quieres ver si es el hábito de encima de seda o de paño, ¿para qué me tocas en la camisa? Pues cierto es de lienço. Holguemos y burlemos de otros mill modos que yo te mostraré; no me destroces ni maltrates como sueles. ¿Qué prouecho te trae dañar mis vestiduras? 
CAL. __ Señora, el que quiere comer el aue, quita primero las plumas. 

Como hoy es el Día de la Familia, vamos a cortar aquí, sin añadir los trocillos sabrosos de Lucrecia, voyeuse de dientes largos.

miércoles, 18 de junio de 2008

Renacimiento

Trajimos al Arcipreste de Hita, a Berceo, a Fray Luis de León y Góngora.

En esta informal antología de literatura española con música dentro no podía faltar este fragmento memorable de cuando el humanismo (las humanidades no son "las letras", sino los saberes que no son divinidades) llega también aquí.

CALISTO. ¡Sempronio!
SEMPRONIO. ¿Señor?
CALISTO. Dame acá el laúd.
SEMPRONIO. Señor, vesle aquí.
CALISTO. ¿Cuál dolor puede ser tal que se iguale con mi mal?
SEMPRONIO. Destemplado está ese laúd.
CALISTO. ¿Cómo templará el destemplado? ¿Cómo sentirá el armonía aquel que consigo está tan discorde, aquel en quien la voluntad a la razón no obedece? Quien tiene dentro del pecho aguijones, paz, guerra, tregua, amor, enemistad, injurias, pecados, sospechas... todo a una causa. Pero tañe y canta la más triste canción que sepas.
SEMPRONIO. Mira Nero de Tarpeya
a Roma cómo se ardía;
gritos dan niños e viejos,
y él de nada se dolía.
CALISTO. Mayor es mi fuego y menor la piedad de quien agora digo.
SEMPRONIO. (Aparte) No me engaño yo, que loco está este mi amo.
CALISTO. ¿Qué estás murmurando, Sempronio?
SEMPRONIO. No digo nada.
CALISTO. Di lo que dices, no temas.
SEMPRONIO. Digo que cómo puede ser mayor el fuego que atormenta un vivo que el que quemó tal ciudad e tanta multitud de gente.
CALISTO. ¿Cómo? Yo te lo diré: mayor es la llama que dura ochenta años que la que en un día pasa, y mayor la que quema un ánima que la que quemó cien mil cuerpos. Como de la apariencia a la existencia, como de lo vivo a lo pintado, como de la sombra a lo real, tanta diferencia hay del fuego que dices al que me quema. Por cierto, si el del purgatorio es tal, más querría que mi espíritu fuese con los de los brutos animales que por medio de aquél ir a la gloria de los santos.
SEMPRONIO. (Aparte) Algo es lo que digo, a más ha de ir este hecho. No basta loco, sino hereje.
CALISTO. ¿No te digo que hables alto cuando hablares? ¿Qué dices?
SEMPRONIO. Digo que nunca Dios quiera tal, que especie es de herejía lo que agora dijiste.
CALISTO. ¿Por qué?
SEMPRONIO. Porque lo que dices contradice la cristiana religión.
CALISTO. ¿Qué a mí?
SEMPRONIO. ¿Tú no eres cristiano?
CALISTO. Yo melibeo soy y a Melibea adoro y en Melibea creo e a Melibea amo.