viernes, 5 de noviembre de 2010
Antigüedades
En el mesón hay antigüedades que no te dicen nada; otras te atraen vagamente, algunas te intrigan. Si se refieren a "tu tema" (pongamos: los instrumentos musicales), te parecen ridículas: salterios de mercadillo. Pasa con el pasado y pasa con el presente: la noticia del periódico que da cuenta de algo que tú has visto. ¡Cómo decepciona! ¡Qué mal contada! Y es que, como decía el clásico, todo lo que no es erudición es política; o comercio de souvenir.
lunes, 1 de noviembre de 2010
Grandeza de Góngora
Lo hemos leído todos en los tiempos del instituto. Es de los sonetos más conocidos de Góngora, si no el que más. Pero no quita para que ahora, al topar una vez más con él, me haya sobrecogido. Y quería compartir esta emoción. Me refiero a ese que comienza "Mientras por competir con tu cabello/ oro bruñido el Sol relumbra en vano..." Es un elogio de la belleza de una mujer animándola a que aproveche su juventud antes de que llegue la vejez. Lo llamamos carpe diem desde que Horacio, meditando en una oda sobre el tiempo que se escapa como agua entre los dedos, escribió ese famoso verso que tanto estrés puede causar en manos de la psicología barata de la segunda mitad del siglo XX: "Carpe diem quam minimum credula postero": Agarra el día como si apenas creyeras en el siguiente.
Entre otros muchos, Garcilaso ya escribió un soneto memorable (otro de los del instituto) sobre ese mismo tema (el que empieza "En tanto que de rosa y azucena"), en el que, tras animar a la muchacha a que disfrute antes de las canas ("Coged de vuestra alegre primavera/ el dulce fruto antes que el tiempo airado/ cubra de nieve la hermosa cumbre"), termina (el terceto final de un soneto siempre ha de ser contundente) con una reflexión triste pero elegante, comedida: "Marchitará la rosa el viento helado,/ todo lo mudará la edad ligera/ por no hacer mudanza en su costumbre".
Góngora en 1582 (con 21 años no sé si cumplidos) enfoca su soneto no sólo comparando el cabello, los labios, la frente y el cuello con cosas hermosas de la naturaleza, sino estableciendo una competición en la que gana la mujer (a cada labio por cogerlo "lo siguen más ojos que al clavel temprano", etc). Pero lo chulo verdaderamente es el terceto final, uno de cuyos versos (el último) ha cautivado a miles de poetas y estudiosos around the world. No es ya sólo que haya que tomar nota del paso del tiempo, avisado por el mero transcurrir de los días ("Cada Sol repetido es un cometa" dice en otro memorable poema). No es ya que la edad vaya a marchitar la belleza, "no ya en plata o viola troncada (violeta tronchada)/ se vuelva"; sino que, además, "tú y ello juntamente" os convertiréis... Y viene ahora (no del todo "bien ordenada", como se ha discutido a veces) esa gradación dramática con cinco golpes de timbal de oda fúnebre barroca: "En tierra, en humo, en polvo, en sombra, en nada".
Entre otros muchos, Garcilaso ya escribió un soneto memorable (otro de los del instituto) sobre ese mismo tema (el que empieza "En tanto que de rosa y azucena"), en el que, tras animar a la muchacha a que disfrute antes de las canas ("Coged de vuestra alegre primavera/ el dulce fruto antes que el tiempo airado/ cubra de nieve la hermosa cumbre"), termina (el terceto final de un soneto siempre ha de ser contundente) con una reflexión triste pero elegante, comedida: "Marchitará la rosa el viento helado,/ todo lo mudará la edad ligera/ por no hacer mudanza en su costumbre".
Góngora en 1582 (con 21 años no sé si cumplidos) enfoca su soneto no sólo comparando el cabello, los labios, la frente y el cuello con cosas hermosas de la naturaleza, sino estableciendo una competición en la que gana la mujer (a cada labio por cogerlo "lo siguen más ojos que al clavel temprano", etc). Pero lo chulo verdaderamente es el terceto final, uno de cuyos versos (el último) ha cautivado a miles de poetas y estudiosos around the world. No es ya sólo que haya que tomar nota del paso del tiempo, avisado por el mero transcurrir de los días ("Cada Sol repetido es un cometa" dice en otro memorable poema). No es ya que la edad vaya a marchitar la belleza, "no ya en plata o viola troncada (violeta tronchada)/ se vuelva"; sino que, además, "tú y ello juntamente" os convertiréis... Y viene ahora (no del todo "bien ordenada", como se ha discutido a veces) esa gradación dramática con cinco golpes de timbal de oda fúnebre barroca: "En tierra, en humo, en polvo, en sombra, en nada".
Mientras por competir con tu cabello,
oro bruñido al sol relumbra en vano;
mientras con menosprecio en medio el llano
mira tu blanca frente el lilio bello;
mientras a cada labio, por cogello. 5
siguen más ojos que al clavel temprano;
y mientras triunfa con desdén lozano
del luciente cristal tu gentil cuello:
goza cuello, cabello, labio y frente,
antes que lo que fue en tu edad dorada 10
oro, lilio, clavel, cristal luciente,
no sólo en plata o vïola troncada
se vuelva, mas tú y ello juntamente
en tierra, en humo, en polvo, en sombra, en nada.
domingo, 31 de octubre de 2010
La ópera de la vida bohemia
[29 de octubre de 2010. Giacomo Puccini, La Bohéme. José Luis Castro, dirección escénica. Giuliano Spinelli, escenografía. Irene Monti, vestuario. Vinicio Cheli, iluminación. Carlos Cosías, Rodolfo; Yolanda Auyanet, Mimí; Ángel Odena, Marcello; Sabina Puértolas, Musetta; Francisco Santiago, Colline; José Antonio López, Schaunard; Enric Martínez-Castignani, Benoit y Alcindoro; Pablo García López, Parpignol. Coro de Ópera “Cajasur”; Diego González Ávila, director. Banda de Alumnos del Conservatorio Superior de Música de Córdoba. Coro de Niños del Conservatorio Profesional de Córdoba; Juan Manuel Ortiz, director. Orquesta de Córdoba; Marco Zambelli, director musical. Una coproducción del Palacio de Festivales de Cantabria y el Gran Teatro de Córdoba. Gran Teatro de Córdoba. 21:00 horas. Lleno]
Un poco deslucida por las tres largas pausas (interminable la última) entre actos, la versión de La Bohème presentada el viernes, arranque de la Temporada Lírica del Gran Teatro, resultó más que notable en todo lo demás.
Un planteamiento escénico de buen gusto, trasladando la historia de los famosos bohemios parisinos a los años veinte del pasado siglo, permitía seguir la historia con facilidad, a la vez que subrayaba eficazmente las diferentes atmósferas emocionales de la ópera. Especialmente logrados me parecieron los decorados y movimiento escénico de los contrastantes actos dos y tres, que nos llevan de la alegría sensual del Barrio Latino a la atmósfera depresiva de Los Miserables. También interesante, e igualmente inspirado en la pintura de entreguerras (aunque recuerde a Mary Poppins), es el decorado de chimeneas del comienzo, el mismo que, al parecer, tanto tiempo costó reponer para el último acto. Insisto en esto porque las pausas forman parte del espectáculo; y me parece que ésta, especialmente, jugó claramente en contra de la emoción del público.
Musicalmente, los muchos encantos con que Puccini logró sublimar y hacer creíbles y perdurables las a veces disparatadas peripecias de un libreto mediocre brillaron sin problemas: excelente el joven elenco vocal, en el que hay que destacar especialmente a la pareja protagonista (Carlos Cosías y Yolanda Auyanet); e igualmente magníficas las intervenciones del Coro de Ópera Cajasur y de los dos conjuntos (el coro de niños y la pequeña banda) con que nuestros conservatorios profesional y superior se sumaron al evento. Sobresaliente la Orquesta de Córdoba y su director para la ocasión: el genovés Marco Zambelli.
Antonio Torralba
[Publicado hoy en El Día de Córdoba]
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Crítica musical,
Orquesta de Córdoba
sábado, 30 de octubre de 2010
Qué cabronazo el Juan de Tarsis
Al Conde de Villamediana se atribuye este soneto a Córdoba, que ha perdido gran actualidad...
Ha perdido actualidad porque los hombres ahora estamos gordos como zollos.
obispo rico, pobres mercaderes;
buenos caballos para ser mujeres,
buenas mujeres para ser caballos.
Casas sin talla, hombres como tallos;
aposentos colgados de alfileres;
Baco descolorido, flaca Ceres,
muchos Judas y Pedros, pocos gallos;
Agujas y alfileres infinitos;
una puente que no hay quien la repare;
un vulgo necio, un Góngora discreto;
un San Pablo entre muchos sambenitos:
esto en Córdoba hallé; quien más hallare,
póngaselo a la cola a este soneto.
Ha perdido actualidad porque los hombres ahora estamos gordos como zollos.
viernes, 29 de octubre de 2010
sábado, 16 de octubre de 2010
VUELVE LA ORQUESTA
[14 de octubre de 2010. Concierto de Inauguración de Temporada. Dmitri Shostakovich, Concierto para violonchelo y orquesta n. 1 en mi bemol mayor, op. 107. Piotr Illich Chaikovski, Sinfonía n. 4, op. 36. Mikhail Milman, violonchelo. Orquesta de Córdoba. Manuel Hernández Silva, dirección. Gran Teatro de Córdoba. 20:30 horas. Lleno.]
Como para demostrar su buena forma, la espléndida madurez alcanzada en todos estos años, nuestra orquesta arrancó su temporada 2010-2011 con un programa compuesto por dos obras rusas muy exigentes: el primero de los conciertos para violonchelo de Shostakovich (1906-1975) y la cuarta de las sinfonías de Chaikovski (1840-1893).
La pieza de Shostakovich sirvió para lucir la técnica y la musicalidad asombrosas del vilonchelista principal de la orquesta, el moscovita Mikhail Milman, quien literalmente "bordó" este concierto de 1959, uno de los más difíciles del repertorio violonchelístico. La obra arranca de manera inquietante con un "Allegretto" contruido sobre el motivo de cuatro notas que representaba al autor (D. SCH, es decir, re-mib-do-si), sobre un tema que ya usó en 1948 para la música de la película La joven guardia y sobre una antigua y triste nana popular. Esos materiales son dispuestos por el genio ruso con gran maestría y una complejidad que supo manejar con solvencia tanto Hernández Silva como el solista. Éste logró momentos de alta emoción en el segundo tiempo, de tono elegíaco; y un virtuosismo de verdadero espectáculo en los restantes, haciéndose merecedor de los largos aplausos que le otorgó el público que abarrotaba el Gran Teatro.
En la segunda parte, la Cuarta de Chaikovski, ya escuchada el año pasado bajo la batuta de Irina Trujillo, mostró, en mayor grado aún que en aquella ocasión con motivo de la inauguración del curso universitario, la alta calidad de la Orquesta de Córdoba en todas sus secciones. Me pareció brillante igualmente la dirección de un Hernández Silva, cuyos gestos de agradecimiento y entusiasmo durante la larga ovación final, fueron complemento adecuado a la satisfacción que mostraba el respetable ante esta nueva temporada de su orquesta. Naturalmente.
Antonio Torralba
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Crítica musical,
Orquesta de Córdoba
sábado, 9 de octubre de 2010
Una (otra) melodía de Vivaldi
Early music festival Csíkszereda (Transylvania)
Antonio Vivaldi
Sonata en la menor, RV 43
Largo
Bruno Cocset, violonchelo
Mathurin Matharel, violonchelo
Bartrand Cuiller, clavecín
Monica Pustilnik, guitarra barroca
Colgado en youtube por stilodieuterpe.
viernes, 8 de octubre de 2010
Si quieres aprender enseña
Me gustó lo que me contó un amigo profesor de Física de la Universidad. Se lo había contado a su vez otro, pero da igual. "Un alumno me pidió que le explicara algo un poco complejo. Lo hice, pero no me entendió. Intenté de otro modo... y tampoco. Probé una tercera manera y nada, no había forma. Por fin, a la cuarta, lo entendí (sic)"
domingo, 3 de octubre de 2010
lunes, 27 de septiembre de 2010
Evaristo Baschenis. Instrumentos en silencio
Pasa en general con todos los instrumentos, pero en especial grado con los musicales. Contemplarlos en reposo (en una estantería, dentro de su estuche o sobre una mesa) produce una cierta inquietud. También su representación plástica, a menudo difícil, mantiene esa sensación que se mueve, con muchos matices, entre la atracción y el respeto. Como si fueran armas.
No sabía -lo he leído estos días- que las pinturas admirables de Evaristo Baschenis (1617-1677), sus composiciones con instrumentos musicales, tan populares en el mundillo de la música antigua, eran casi desconocidas hace poco más de cincuenta años. Las principales investigaciones sobre su vida y obra son posteriores a 1995. Sacaron a la luz retazos de la vida de este hombre peculiar: su ordenación sacerdotal en torno a 1647, el establecimiento de un taller en 1643, la fuerte influencia que ejerció sobre su arte el de Caravaggio durante un viaje a Roma, la huella que él mismo dejó en otros artistas admirables como Bartolomeo Bettera, que exageró su tendencia a colocar los instrumentos en posiciones poco corrientes, o Giuseppe Recco.
sábado, 18 de septiembre de 2010
Uniformes escolares
Ahora los defienden desde muchos lados. Está de moda (un poco al menos) apoyarlos. Yo los odio por varios motivos. Uno de ellos: creo que fundamentan una de las armas argumentales con las que los centros concertados se "libran" de los alumnos que no quieren. Los centros concertados (esto es una evidencia) tienen menos alumnos con "necesidades educativas especiales", menos alumnos "difíciles", en parte, porque a la gratuidad concertada hay que añadirle los cien eurillos de nada del uniforme. Y eso disuade. Hay más razones, muchas más, tanto si su hijo tiene problemas ("mire, es que aquí no contamos con ..."), como si no ("mire, tenemos unas instalaciones deportivas que para sí las quisieran..."), pero ésa es una de ellas.
Más razones: apartan la escuela de la vida real, a menudo son sexistas, fuerzan a diferenciarse a partir de unos condicionantes chungos, son feos a rabiar, están cargados de connotaciones poco controlables por quien los lleva.
Ahora los defienden desde muchos lados, también algunos rojillos añorantes de su infancia. La nostalgia no es el deseo de regresar a un pasado mejor, es el deseo de regresar al origen y punto. Fuera el que fuese.
Más razones: apartan la escuela de la vida real, a menudo son sexistas, fuerzan a diferenciarse a partir de unos condicionantes chungos, son feos a rabiar, están cargados de connotaciones poco controlables por quien los lleva.
Ahora los defienden desde muchos lados, también algunos rojillos añorantes de su infancia. La nostalgia no es el deseo de regresar a un pasado mejor, es el deseo de regresar al origen y punto. Fuera el que fuese.
miércoles, 15 de septiembre de 2010
Creencias
Me agradó ver escrito con gracia (por Manuel Vicent en El País) algo de lo que hablo a menudo. Y defendido con parecidos argumentos.
Creencias (Manuel Vicent)
Uno de los misterios del cerebro humano consiste en que un premio Nobel de física puede ser miembro al mismo tiempo de la secta de la Lagartija Dorada. A lo largo de la evolución de nuestra especie el córtex, donde radica la inteligencia, se sobrepuso a los bulbos del límbico, que gobiernan nuestras emociones. Desde ese momento la ciencia y las creencias han seguido caminos dispares, con el ángulo cada día más abierto, pero ciertos individuos tienen la capacidad de vivir con ese ángulo cerrado sin experimentar ninguna contradicción: pueden investigar en un laboratorio la aplicación de las células madre y pertenecer a la Adoración Nocturna, ser expertos en biología molecular y ponerse un capirote de nazareno para llevar en andas a una Dolorosa atravesada por siete espadas. No obstante, hay que andar con cuidado con este tipo de gente. Se comportan de forma pacífica y racional si pones en cuestión cualquier problema científico; en cambio se convierten en seres muy agresivos y peligrosos si te burlas de la patrona de su pueblo o del fundador de su orden religiosa o de la bandera de su nación. La ciencia es expansiva, universal y positiva bajo el patrocinio de san Pitágoras, san Newton, san Galileo, san Fleming, san Einstein; en cambio las creencias son más intensas y fanáticas a medida que están más concentradas en un ídolo, en un símbolo, en un sentimiento. Si un japonés, un hindú, un noruego descubre una nueva vacuna, o da un paso adelante en el genoma o inventa un aparato muy cómodo para depilarse la axila, la humanidad entera lo acepta al día siguiente sin distinción de razas ni de dioses, pero no le toques el toro ensogado de las fiestas de su aldea, ni su equipo de fútbol, ni la romería a la ermita, ni las mantecadas que hacía su abuela, porque entonces ese científico, que en el laboratorio investiga el límite del universo donde se precipitan las galaxias, puede convertirse en una fiera o en un idiota. Sucede lo mismo cuando la política se convierte en una creencia. Ya es un clásico preguntarse por qué existen pobres que votan a la derecha y ricos que votan a la izquierda. Se debe a que el cerebro humano, del rico y del pobre, del amo y del criado, está a medio cocer todavía.
Pero no por ello dejo de preguntarme por todo el arte, por todas las músicas (quizás también por todos los hallazgos científicos) que acaso se han basado en esa deficiente cocción del cerebro humano. Puede que la clave esté en la conveniencia de no tomarse las creencias propias ni las ajenas demasiado en serio, sino como achaques o debilidades personales. No sólo no exportables al vecino, sino incluso casi inconfesables, íntimas. Para que, aunque pierdan gracia, sean menos peligrosas.
Creencias (Manuel Vicent)
Uno de los misterios del cerebro humano consiste en que un premio Nobel de física puede ser miembro al mismo tiempo de la secta de la Lagartija Dorada. A lo largo de la evolución de nuestra especie el córtex, donde radica la inteligencia, se sobrepuso a los bulbos del límbico, que gobiernan nuestras emociones. Desde ese momento la ciencia y las creencias han seguido caminos dispares, con el ángulo cada día más abierto, pero ciertos individuos tienen la capacidad de vivir con ese ángulo cerrado sin experimentar ninguna contradicción: pueden investigar en un laboratorio la aplicación de las células madre y pertenecer a la Adoración Nocturna, ser expertos en biología molecular y ponerse un capirote de nazareno para llevar en andas a una Dolorosa atravesada por siete espadas. No obstante, hay que andar con cuidado con este tipo de gente. Se comportan de forma pacífica y racional si pones en cuestión cualquier problema científico; en cambio se convierten en seres muy agresivos y peligrosos si te burlas de la patrona de su pueblo o del fundador de su orden religiosa o de la bandera de su nación. La ciencia es expansiva, universal y positiva bajo el patrocinio de san Pitágoras, san Newton, san Galileo, san Fleming, san Einstein; en cambio las creencias son más intensas y fanáticas a medida que están más concentradas en un ídolo, en un símbolo, en un sentimiento. Si un japonés, un hindú, un noruego descubre una nueva vacuna, o da un paso adelante en el genoma o inventa un aparato muy cómodo para depilarse la axila, la humanidad entera lo acepta al día siguiente sin distinción de razas ni de dioses, pero no le toques el toro ensogado de las fiestas de su aldea, ni su equipo de fútbol, ni la romería a la ermita, ni las mantecadas que hacía su abuela, porque entonces ese científico, que en el laboratorio investiga el límite del universo donde se precipitan las galaxias, puede convertirse en una fiera o en un idiota. Sucede lo mismo cuando la política se convierte en una creencia. Ya es un clásico preguntarse por qué existen pobres que votan a la derecha y ricos que votan a la izquierda. Se debe a que el cerebro humano, del rico y del pobre, del amo y del criado, está a medio cocer todavía.
Pero no por ello dejo de preguntarme por todo el arte, por todas las músicas (quizás también por todos los hallazgos científicos) que acaso se han basado en esa deficiente cocción del cerebro humano. Puede que la clave esté en la conveniencia de no tomarse las creencias propias ni las ajenas demasiado en serio, sino como achaques o debilidades personales. No sólo no exportables al vecino, sino incluso casi inconfesables, íntimas. Para que, aunque pierdan gracia, sean menos peligrosas.
lunes, 13 de septiembre de 2010
CANDIDATO DEL PSOE A LA ALCALDÍA DE CÓRDOBA
Dos perlas me manda mi amigo Miguel de una entrevista con el candidato a la alcaldía de Córdoba por el PSOE. No me resisto a comentarlas. Sin acritud.
El PP ha dicho que usted no tiene madera de líder y que su elección constata que el PSOE da por perdidas las urnas.
--A los del PP no les gusta que el hijo de un ferroviario pueda llegar a ser alcalde de esta ciudad. Es posible que les cueste entender que un cordobés, sencillo como Córdoba, pueda acercarse a la política con humildad. A lo mejor piensan que para ser alcalde hay que tener una licenciatura y pasar unas oposiciones de notario. Lo que hace falta es sentido común, responsabilidad y cariño a la tierra. De eso no me va a dar lecciones nadie.
¿Cómo fomentaremos que los chavales valoren los estudios si los políticos no? Lo de hijo de ferroviario ...., aunque todos los héroes clásicos tienen un origen humilde para que así sus hazañas brillen más al no ser méritos de cuna. Qué buena idea da inconscientemente: que los alcaldables pasen una oposición previa a las urnas.
Si usted trabajara, en una empresa digo, ¿iría a la huelga?
--Si trabajase a lo mejor no, pero si estuviera parado, sí.
¿Sentido común?
jueves, 9 de septiembre de 2010
Cumpleaños
A veces con más actividad y a veces con menos; con desigual interés por temporadas, hoy cumplimos tres años. ¡Cómo pasa el tiempo!
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