Los
alegres entretenimientos que nos brinda la novela de don Quijote no están sólo
en el relato de sus peripecias, sino también en los cuentos y episodios que,
como era frecuente en el género, la trufan. Éstos, el propio Cervantes lo dice,
"no son menos agradables y artificiosos y verdaderos que la misma
historia". Así debió parecer también a Shakespeare, a juzgar por la obra
de teatro que escribió sobre la historia de Cardenio. Esa obra, hoy perdida,
fue estrenada en 1613.
Nuestra
cita (Capítulo XXVIII de la 1ª parte) pertenece al monólogo de uno de los
personajes implicados en la historia de Cardenio: la bella Dorotea.
"...y
si alguna, por recrear el ánimo, estos ejercicios dejaba, me acogía el
entretenimiento de leer algún libro devoto, o tocar una arpa, porque la
experiencia me mostraba que la música compone los ánimos descompuestos y alivia
los trabajos que nacen del espíritu."
En
el "Coloquio de los perros" Berganza, haciendo burla de las novelas
pastoriles (recordemos nuestra primera cita de "La Galatea") dice que
los pastores no son tan finos:
"BERGANZA.—Porque
si los míos cantaban, no eran canciones acordadas y bien compuestas, sino un
“Cata el lobo do va, Juanica”, y otras cosas semejantes; y esto no al son de
chirumbelas, rabeles o gaitas, sino al que hacía el dar un cayado con otro o al
de algunas tejuelas puestas entre los dedos; y no con voces delicadas, sonoras
y admirables, sino con voces roncas, que, solas o juntas, parecía que no
cantaban, sino que gritaban o gruñían."
(COLOQUIO
DE LOS PERROS)
De
esa canción ("Cata el lobo dó va, Juanica") se han conservado el
texto y dos referencias a su música. También nos ha llegado una referencia
contextual muy interesante que recoge el flautista Víctor Rondón en su disco
"Ychepe Flauta". Dice que la canción "es mencionada en crónicas
chilenas de mediados del siglo XVI con ocasión de que un grupo de familias
españolas que deseaban navegar de vuelta a su patria con las riquezas obtenidas
en los primeros años de la conquista, son engañados por el propio Pedro de
Valdivia quien ordena zarpar la nave de noche y les abandona en la playa. Al
percatarse de esta intención, uno de ellos, de oficio soldado y trompetista,
tocó con su instrumento la mencionada ‘Cata el lobo do va, Juanica’ con lo que
la afligida situación de los timados se resolvió en agridulces risas".
El
texto de la canción, al parecer de sentido erótico, es:
Cata
el lobo dó va, Juanilla,
cata
el lobo dó va.
Cata
el lobo, Juana,
que
a tu hato un día
dicen
que quería
mordelle
la lana;
ponte
en cobro, hermana,
que
te morderá.
Cata
el lobo dó va Juanilla,
cata
el lobo dó va.
Es
tan carnicero
que
no hay quien le harte,
ni
anochece en parte
sin
ser agujero:
si
sube al otero,
calársete
ha.
Cata
el lobo dó va, Juanilla,
cata
el lobo dó va.
Como
Jorge Manrique hace siglos, hay quien hoy (bárbaro tiempo de la depilación
indiscriminada) pudiera preguntarse, pensando antes en damas que en ovejas,
¿qué se hicieron las lanas/ de los fuegos encendidos/ d'amadores? Pregunta vana.
Las
dos referencias musicales están en Salinas ("De musica libri septem".
Salamanca, 1577) y en "La Justa", una ensalada de Mateo Flecha.
Nuestra
cita de hoy nos lleva a otra de las mejores "Novelas Ejemplares":
"El celoso extremeño". El músico Loaysa, que para entrar en casa de
Leonora intenta camelarse al criado negro, dialoga con éste sobre los cuidados
de la voz:
"—Pues,
a la mano de Dios —dijo Loaysa—: que de aquí a dos días tendréis, Luis, todo lo
necesario para poner en ejecución nuestro virtuoso propósito; y advertid en no
comer cosas flemosas, porque no hacen ningún provecho, sino mucho daño a la
voz.
—Ninguna cosa me enronquece tanto —respondió el negro— como el vino, pero no me
lo quitaré yo por todas cuantas voces tiene el suelo.
—No
digo tal —dijo Loaysa—, ni Dios tal permita. Bebed, hijo Luis, bebed, y buen
provecho os haga, que el vino que se bebe con medida jamás fue causa de daño
alguno.
—Con medida lo bebo —replicó el negro—: aquí tengo un jarro que cabe una
azumbre justa y cabal; éste me llenan las esclavas, sin que mi amo lo sepa, y
el despensero, a solapo, me trae una botilla, que también cabe justas dos
azumbres, con que se suplen las faltas del jarro.
—Digo
—dijo Loaysa— que tal sea mi vida como eso me parece, porque la seca garganta
ni gruñe ni canta."
Nuestra
cita de hoy (tercera de las que venimos recordando) nos lleva a la que es,
junto con "El celoso extremeño", la más musical de las "Novelas
Ejemplares" de Cervantes, esto es, "La ilustre fregona":
"El
acabar estos últimos versos y el llegar volando dos medios ladrillos, fue todo
uno, que si como dieron junto a los pies del músico, le dieran en mitad de la
cabeza, con facilidad le sacaran de los cascos la música y la poesía. Asombróse
el pobre, y dio a correr por aquella cuesta con tanta priesa, que no le
alcanzara un galgo: ¡infelice estado de los músicos, murciégalos y lechuzos,
siempre sujetos a semejantes lluvias y desmanes!"
En
esta segunda entrega nos vamos desde los pastores de La Galatea a los no menos
idílicos mundos que fantasea don Quijote a propósito de los caballeros.
Es
en el capítulo 50 de la primera parte de la novela. El ingenioso hidalgo
intenta convencer al canónigo de las bondades de los libros de caballería, que
"destierran la melancolía" e incluso "mejoran la condición"
de quien los lee.
Enumerando
una serie de delicias de las que a veces gozaban los caballeros andantes
("¿Qué verle servir todas las doncellas, guardando un maravilloso
silencio?" -uy, ya hemos gastado una cita: que 297 son muchas y veremos a
ver si no hay-), no se olvida de incluir entre esos placeres una especie de
tafelmusik o música de mesa en la que, como ocurría a menudo también en los dormitorios,
los músicos no están a la vista, sino al otro lado de la puerta. Don Quijote
(ya viene la cita) lo dice así:
"¿Cuál
será oír la música que en tanto que come suena, sin saberse quién la canta ni
dónde suena?"
CERVANTES Y LA MÚSICA 1 MÚSICA PASTORIL Como modesto homenaje a Miguel de Cervantes, nos proponemos publicar cada día, desde hoy al 31 de diciembre de este año, un fragmento suyo relacionado de alguna manera con la música. A ver si lo conseguimos. Sin orden pero con concierto. Aquí va el primero. Es del libro primero de LA GALATEA:
"... anden nuestros ganados juntos, pues andan nuestros pensamientos apareados; tú, al son de tu çampoña, publicarás el contento o pena que el alegre o triste rostro de Galatea te causare; yo, al de mi rabel, en el silencio de las sossegadas noches o en el calor de las ardientes siestas, a la fresca sombra de los verdes arboles de que esta nuestra ribera está tan adornada, te ayudaré a lleuar la pesada carga de tus trabajos, dando noticia al cielo de los míos. Y, para señal de nuestro buen proposito y verdadera amistad, en tanto que se hazen mayores las sombras destos arboles, y el sol hazia el occidente se declina, acordemos nuestros instrumentos y demos principio al exercicio que de aqui adelante hemos de tener.."
En los manuscritos 1370 al 1372 de la Biblioteca Nacional se encuentran las tres voces de un villancico maravilloso cuya composición en el siglo XVII hemos visto a veces atribuida (creemos que por error) a Mateo Romero. Se trata de una versión a lo divino de la célebre "Mañanicas floridas" que versionaron Lope de Vega y Calderón entre otros. Aquí se llama "Soberana María" y es un prodigio literario y musical salido de la pluma de uno o dos autores anónimos del XVII. La invocación a las estrellas es bellísima y la elevación conceptual soberbia. La Virgen ha de arropar al Niño, pero el plano se eleva y son las nocturas estrellas las que han de abrigar a su vez a la Virgen (abrigad a la virgen entre vuestros brazos). Y luego están los últimos versos que emocionan aún más. La palabra árabe aljófar (perla irregular y también el conjunto de esas perlas) es un hallazgo poético. Las lágrimas del Niño son el aljófar. Coged el aljófar (sigue invocando a las nocturnas estrellas) de los ojos claros. "Mirad que es tesoro de precio tan alto/ que una gota suelda todos nuestros daños."
[Grabación durante un ensayo el 14 de diciembre de 2014]