viernes, 13 de septiembre de 2013

UNA MUSIQUILLA EXTRAÑA

Hace unos días, en una colaboración en El País, Vila-Matas aludía un poco de pasada a este texto de Barthes.

El tiempo que hace 

Esta mañana la panadera me dice: "¡el tiempo está bueno todavía! ¡pero el calor ha durado demasiado!" (la gente aquí encuentra siempre que hace demasiado bueno, que hace demasiado calor). Yo añado: "¡y la luz está tan hermosa!" Pero la panadera no me contesta, y una vez más observo ese corto–circuito del lenguaje que se produce infaliblemente en las conversaciones más futiles; comprendo que ver la luz depende de una sensibilidad de clase; o más bien, ya que hay luces "pintorescas" apreciadas con toda seguridad por la panadera; lo que está socialmente marcado es la visión "vaga", la visión sin contornos, sin objeto, sin figuración, la visión de una transparencia, la visión de una no–visión (ese valor infigurativo que está en la buena pintura, pero no en la mala). En suma, nada más cultural que la atmósfera, nada más ideológico que el tiempo que hace.

La alusión de Vila-Matas iba en otro sentido y me ha sorprendido, tras localizar el texto, el contexto auténtico de la cita. En mi mente la anécdota remitía a la destrucción de tópicos que suelen producir la poesía y el humor, esas dos maravillas por las que merece la pena vivir. Fastidian las relaciones humanas puramente formales porque pueden consistir en sólo hablar del tiempo. Y me gustaba la idea de alguien que frena en seco la noria de la rutina con esa frase: "¡y la luz está tan hermosa!" Me recordó ago que me contaron de un profe de Dibujo de la Universidad de Córdoba que, coincidiendo con un alumno en los urinarios de su facultad cortó la cháchara formal de éste con un: "Pasa igual con los boquerones: al separar la raspa siempre parece sonar una musiquilla extraña".