martes, 2 de febrero de 2010
lunes, 18 de enero de 2010
Ópera para niños
[16 de enero de 2010. Ópera para niños. Rossini,
El espectáculo consistió en una “reducción para niños” de
Quien hace cualquier cosa dirigida al público infantil suele decir casi sin excepción que se trata de un público sumamente exigente. Es dificilísimo captar su atención porque está acostumbrado a los efectos especiales, la inmediatez del mensaje, los videojuegos, etc. Los niños no se portaron mal. Me pareció que por un día querían complacer a sus papás.
Antonio Torralba
martes, 12 de enero de 2010
lunes, 11 de enero de 2010
Mi padre
Mi padre murió el viernes al amanecer. Vivió casi ochenta y ocho años; los últimos once, intentando sobrevivirse después de que un derrame cerebral muy fuerte lo dejara sin poder andar ni hablar, las dos facultades con las que le gustaba echar una mano a los demás; las dos armas con las que se defendía también.
Como muchos de los de su edad, era muy consciente de que se había librado de la muerte varias veces por chiripa. Y también quiso reponerse de esa enfermedad que le sobrevino en 1999. Hasta el final, bajo la máscara dura del deterioro y la enfermedad, se le veían muchas veces la sonrisa sincera con la que siempre recibía a quienes se acercaban a su sillón, la risa ingenua con la que solía perdonarse sus propias torpezas, la irritación que toda la vida le produjeron la mala voluntad, la hipocresía y la falta de sentido común.
Unos días agradeciendo y otros sufriendo las atenciones que a unos y otros se nos ocurrían para darle cariño y aliviarlo, también es cierto que a veces, como antes del derrame, quería decirnos que estábamos todos locos (de mí, sin ir más lejos, lo decía riendo y llevándose un dedo a la frente: “¡uf, cómo está éste!”) y que se iba a dar una vuelta. Pero, aunque lo intentaba con obstinación, no podía; ni una cosa, ni la otra: ni explicar brillantemente (“vamos por partes”), ni irse en el momento oportuno (“ahora vuelvo”). Y ésa es la tragedia a la que le tocó enfrentarse los últimos años, esos once que yo ahora recuerdo preguntándome a cada minuto si fueron una continuación de la vida que se inició en 1922, llena como todas de penas y glorias, u otra que malamente sobrevivió a la primera.
jueves, 31 de diciembre de 2009
El año viejo y el nuevo
Glosas sobre "Qu'es de ti desconsolado" de Juan del Encina.
CINCO SIGLOS
Grabación en vivo. Diciembre de 2009
Glosas sobre "Pedro y bien te quiero" de Juan del Encina.
CINCO SIGLOS
Grabación en vivo. Diciembre de 2009
¡FELIZ 2010!
lunes, 21 de diciembre de 2009
Lección de arte
[19 de diciembre de 2009. Conciertos Extraordinarios de Navidad II. Ludwig van Beethoven, Concierto para piano y orquesta n. 3, Op. 37 en do menor; Concierto para piano y orquesta n. 5, Op. 73 en mi bemol mayor. Javier Perianes, piano. Orquesta de Córdoba. Manuel Hernández-Silva, dirección. 20:30 horas. Lleno]
Los intérpretes, aun con pequeñas incidencias en las que sería mezquino detenerse, estuvieron más que a la altura de la grandeza de la música y culminaron con solvencia y momentos de intensa emoción la proeza que en nuestro tiempo supone abordar en dos días las cinco obras maestras para piano y orquesta de Beethoven. Emociona constatar cómo el arte se beneficia a menudo de los retos, de las dificultades, de los esfuerzos que parecen sobrehumanos.
Beethoven compuso el concierto en do menor en 1800 y volvió varías veces sobre él en los tres años siguientes. El día del estreno (5 de abril de 1803) todavía estaba revisando fragmentos de la parte solista. En la velada se interpretarían además
El impresionante “Gran Concierto” en mi bemol mayor fue compuesto por un hombre que sufría dificultades más hondas, mucho más profundas que las premuras o los imprevistos. La pérdida progresiva por enfermedad del sentido con que trabaja un músico (“si yo perteneciera a cualquier otra profesión esto sería más fácil, pero en la mía es algo aterrador”) fue convirtiéndose en un obstáculo demasiado doloroso (“…por supuesto que estoy resuelto a elevarme por sobre cualquier obstáculo, pero cómo será esto posible”) contra el que tuvo que seguir luchando muchos años para hacer con su música lo más noble que un ser humano puede hacer: contribuir a la felicidad de los demás.
Antonio Torralba
viernes, 18 de diciembre de 2009
[18 de diciembre de 2009. Conciertos Extraordinarios de Navidad I. Ludwig van Beethoven, Concierto para piano y orquesta n. 1, Op. 15 en do mayor; Concierto para piano y orquesta n. 2, Op. 19 en si bemol mayor; Concierto para piano y orquesta n. 4, Op. 58 en sol mayor. Javier Perianes, piano. Orquesta de Córdoba. Manuel Hernández-Silva, dirección. 20:30 horas. Lleno]
Una extraordinaria lección de música, a cargo de Beethoven, Perianes, Hernández-Silva y
En la primera de las dos sesiones de que consta (la segunda es hoy mismo) pudimos degustar los dos primeros y el cuarto de los cinco conciertos para piano que integran la aportación genial de Beethoven a la forma. Escucharlos juntos en una sola velada subraya el asombro que la evolución del lenguaje musical del genio de Bonn experimenta en tan solo unos años: el paso de la estética clásica (modelada por las influencias de Haydn y Mozart) a la romántica, resultado de su sorprendente evolución expresiva. Formalmente, nos parece estar ante los mismos esquemas: un primer movimiento rápido modelado sobre esa especie de novela con sonidos que conocemos como “forma-sonata”, un segundo tiempo de efusión lírica y un alegre rondó final. Pero mientras en los dos primeros conciertos el diálogo entre el solista y la orquesta está guiado por el educado protocolo, por la galantería de las buenas formas, el cuarto es otra cosa. El encanto es suplantado por la pasión, por la fantasía que desborda a cada paso los antiguos moldes. La relación entre el piano y la orquesta (el singular comienzo sin el habitual tutti orquestal ya lo muestra) es más cercana, más libre, más romántica. Orfeo lucha con las furias, según el programa tradicionalmente atribuido al contrastante segundo movimiento.
También los intérpretes nos dieron una lección de técnica al servicio de la expresividad. Perianes es un pianista que parece reunir todas las cualidades imaginables: sonido, claridad, virtuosismo, empatía con los músicos y el público. Estuvo brillante. Él sobre todo, pero también nuestra orquesta y su director, lograron dejarnos con ganas de escuchar los dos conciertos restantes. A poco que su realización de hoy se aproxime a la excelencia de la que comento, el gesto valiente de afrontar los cinco conciertos de Beethoven en un par de sesiones será también como decía una inolvidable lección de música. Y por parte de sus promotores una no menos encomiable lección de gestión cultural de altura.
[Publicado hoy en El Día de Córdoba]
martes, 8 de diciembre de 2009
CULTURAL, ARTÍSTICO Y DEPORTIVO
En estos días se debate en los centros de enseñanza secundaria el documento que sobre su nueva organización propone
Un aspecto llamativo del mismo es la regulación de los departamentos didácticos, es decir, de los órganos colegiados que tradicionalmente han venido agrupando a los profesores de una misma materia.
El aspecto novedoso es que
Aunque mi especialidad no es la educación de adultos, creo intuir, por la nueva nomenclatura, el error de concepto que justifica esta modificación. Quienes gestionan la enseñanza han creído que se fomentan las competencias educativas (las famosas ocho capacidades que la enseñanza ha de promover en el alumnado) poniendo sus nombres a los departamentos. Es éste un tic relativamente habitual en la evolución reciente de la legislación educativa: confundir objetivos con contenidos. Si por ejemplo un objetivo de la materia Biología puede ser concienciar a los alumnos de la importancia del cuidado del medio ambiente, pues directamente cambio el nombre a la materia y la llamo Medio Ambiente. Si un objetivo de Latín es fomentar el conocimiento de la cultura clásica está claro que hay cambiarle el rótulo: Cultura Clásica en adelante.
Algunas asignaturas ya han nacido así con sus nombres-objetivo puestos: Educación para
¿Y qué han hecho con esas asignaturas que ya tradicionalmente (del siglo XVIII para acá) han tenido una presencia escasa en las enseñanzas generales? Pues las han considerado tan importantes que las han puesto juntas.
Los profesores especializados en María Magdalena, Maria de Betania y María Salomé se unen en un departamento con nombre de ateneo de provincias: el Departamento Cultural, Artístico y Deportivo. “Pertenecerá a este departamento el profesorado de las especialidades de dibujo, de música y de educación física”.
Desde él, como las santas mujeres, seremos testigos de una resurrección humanística y científica sin precedentes.
sábado, 5 de diciembre de 2009
Sonidos del Siglo XIX
[3 de diciembre de 2009. Temporada de abono. Edward Elgar, Serenata para cuerdas en mi menor, Op. 20. Niccolò Paganini, Concierto para violín y orquesta nº 1 en Re mayor, Op. 6. Ludwig van Beethoven, Sinfonía n. 2 en re mayor, op. 36. Francisco Montalvo, violín. Orquesta de Córdoba. Adrian Leaper, dirección. 20:30 horas]
La variedad fue cronológica (de Beethoven a Elgar), formal (una serenata, un concierto y una sinfonía), de intención estética… y, por qué no decirlo, de calidad; en efecto, un abismo separa la verdad musical de Beethoven (que hace una obra para la Humanidad) de los malabarismos un tanto intrascendentes de Paganini, quien, en cierto modo, hace una obra para sí mismo. En un punto medio (más del lado de la emoción intemporal, por supuesto), la obrita de Edward Elgar.
Su Serenata para cuerdas en mi menor, que abrió la velada, es una pieza en tres breves movimientos escrita en marzo de 1892. Los tres (en especial, el segundo) son una maravilla: piezas de ésas que deleitan por igual a los públicos versados y a los que se acercan por primera vez a las músicas cultas. Es ésta una cualidad de buena parte de la música inglesa en todas las épocas y se fundamenta en gran medida en algo que destacaron sus observadores desde antiguo: la contenance angloise es una mezcla de elegancia y sencillez.
Frente a ella, y el contraste pareció jugar en su contra, los alardes de Paganini: su concepción circense del instrumento, su idea de la forma concierto como una carrera de obstáculos a cuya meta llega el intérprete a veces, pero casi nunca la música. Era la primera vez que escuchaba en directo a Francisco Montalvo y me hubiera gustado haber disfrutado su arte con otro repertorio en el que sus cualidades evidentes (belleza de sonido, fraseo expresivo…) hubieran brillado más; y que no hubiera puesto tan al límite su indiscutible virtuosismo. Tiempo (y oportunidades) habrá en el futuro de apreciarlo y de poderse unir sin reservas a la calurosa ovación que le brindó el público que llenaba el Gran Teatro.
En la segunda parte, que nos llevaba a los albores del siglo, el disfrute fue total. Leaper nos ofreció una lectura elegantísima de una obra maestra: la Sinfonía n. 2 de Beethoven. Y la Orquesta de Córdoba estuvo a la altura. De nuevo el segundo tiempo, un Larghetto como en la obra de Elgar, alcanzó a mi juicio el punto culminante de la noche. Y nos murmuró al oído el secreto del que toda la música habla.
Antonio Torralba
miércoles, 18 de noviembre de 2009
Vox populi, vox Dei
Alex ROSS, El ruido eterno. Trad. de Luis Gago. Seix Barral, Barcelona, 2009. pp. 26-7
domingo, 8 de noviembre de 2009
En re mayor
[6 de noviembre de 2009. Concierto de inauguración de la temporada de abono. Ludwig van Beethoven, Concierto para violín y orquesta op. 61 en re mayor. Johannes Brahms, Sinfonía nº 2, op. 73 en re mayor. Katrin Scholz, violín. Orquesta de Córdoba. David Giménez Carreras, dirección. 20:30 horas]
En re mayor, en efecto, quiso sonar la Orquesta de Córdoba en la inauguración de su temporada de abono 2009-2010. Es la “tonalidad de la gloria”, la del dorado, como la consideraba Scriabin, la de la celebración solemne…; y también la de muchos de los grandes conciertos para violín, como el monumental de Ludwig van Beethoven (1770-1827), que ocupó la primera parte de la velada en manos de la virtuosa alemana Katrin Scholz. Su interpretación y la de la orquesta, aunque no acabaron de cuajar del todo en ninguno de los tres movimientos, tuvieron bastantes momentos de belleza y emoción intensas que el público (algo menos de tres cuartos de entrada) agradeció aplaudiendo largamente.
Menos aplausos recibió (y también me pareció justo el juicio del respetable) la versión que David Giménez Carreras (el director invitado) y nuestra orquesta ofrecieron de la otra gran obra de la noche. En la Sinfonía n. 2 de Johannes Brahms (1833-1897) se oyeron acentuados algunos de los problemas de coordinación y afinación (no sólo de los vientos) que habían ensombrecido un poquito la primera parte. Y esta vez sí estuvieron a punto de arruinar el disfrute, de aguar el paseo por el campo del sur austriaco que algunos contemporáneos (buscando el paralelismo con la Pastoral de Beethoven) vieron en esta obra del verano de 1877.
Así las cosas, el bienintencionado pórtico de temporada en re mayor no lució del todo: cosas del arte, de la música, de lo humano. Cosas del directo. La temporada irá a mejor.
Una orquesta es algo vivo, que tiene días peores y mejores, que se crece con el entusiasmo, que a veces se aburre o enferma, que le duele aquí o allá. Porque es un organismo, una estructura en la que todos dependen de todos. Me viene a la mente una escena memorable de una película de Fellini, Prova d’orchestra. Dos músicos hablan de eso:
-El primer violín es el cerebro, la cabeza y el corazón de una orquesta.
Antonio Torralba
sábado, 7 de noviembre de 2009
miércoles, 4 de noviembre de 2009
López Vázquez
martes, 3 de noviembre de 2009
El humor de Rossini
En su Vida de Rossini, Stendhal recuerda un momento memorable de La italiana en Argel. Tras escuchar el lloroso lamento de Elvira, a la que el bey Mustafá tiene abandonada en su harén, éste contesta lo más inesperado, lo más alegre, lo más natural e ingenuo que puede salir de la locura italiana: “Querida, me acabas de romper el tímpano” (Cara, m’hai rotto il timpano). Gioacchino Rossini (1792-1868) es fiel hasta el extremo a un género (el bufo) que consiste, habla de nuevo Stendhal, en una “locura organizada y completa”.
Para remar a favor de esos disparates maravillosos que organizan el libreto y la música de esta ópera, Gustavo Tambascio idea una delirante puesta en escena que traslada el argumento original a un imaginario hotel de la Argelia francesa de los años treinta: el Bey, Grand Hotel International. Mustafá es su hilarante propietario polígamo, que acaba de cansarse de su favorita Elvira; la llegada de Isabella (con look holliwoodiense) y Tadeo (un play boy con bigotillo) se justifica por un aterrizaje forzoso de su hidroavión en la playa; y Lindoro aparece como un empleado, atado a un contrato “esclavizante”. El muchacho es objeto del deseo no sólo de las jóvenes del serrallo, sino también del jefe de seguridad del hotel, Haly, quien, encarnado por el bajo Ángel Jiménez, protagoniza uno de los momentos más divertidos del montaje. Su aria Le femine d’Italia, cantada mientras se va quitando su masculino traje de jefe de seguridad y mostrando la lencería femenina que lleva debajo, evidenció que este cantante, además de una excelente voz, tiene indudables cualidades cómicas: hizo reír a carcajadas por igual al público que entiende (de ópera) y al que no.
Lo mismo puede decirse, en mayor (el Mustafá de Simón Orfila) o menor (el Lindoro de José Luis Sola) medida, del resto del reparto, que comprendió perfectamente que todo debía enfocarse en función de la sensual locura, de la guasa elegante (excelente vestuario del cordobés Jesús Ruiz) en que se fundamenta la propuesta escénica de Tambascio y su equipo. Imaginación y talento al servicio de una música deliciosa que no se puede escuchar sin sonreír. Por eso se cantaban pasajes difíciles dando saltos, temblando por el efecto de la cafeína… o como hiciera falta. Pensando antes en la dramaturgia que en el diafragma.
En lo musical, la protagonista absoluta fue la mezzosoprano italiana Manuela Custer, que cantó con admirable frescura e hizo gala de una musicalidad deliciosa. También me gustaría destacar el buen hacer del coro y de la Orquesta de Córdoba, eficazmente dirigidos por el sevillano Carlos Aragón.
El arte de Rossini, por voluntad propia y por temperamento, tuvo mucho en común con el de su admirado Mozart. Ambos comparten una concepción del teatro musical que parece tener como ley suprema la autoprohibición de rozar la línea de la grandilocuencia o de la pesadez. Ambos vinieron al mundo (una vez más, Stendhal hablando de Rossini) para ayudarnos a olvidar sus tristezas.
Antonio Torralba
[Publicado hoy en El Día de Córdoba]
PD.: Esto puede ser un rollo mío, pero algunos retratos de Rossin me recuerdan al humorista Paco Gandía.
