lunes, 28 de marzo de 2011

Este soneto de Góngora gustaba a Borges, quien cita el hermoso primer terceto: ese escenario montado en el aire


A un sueño



Varia imaginación que, en mil intentos, 
A pesar gastas de tu triste dueño 
La dulce munición del blando sueño, 
Alimentando vanos pensamientos,

Pues traes los espíritus atentos 
Sólo a representarme el grave ceño 
Del rostro dulcemente zahareño 
(Gloriosa suspensión de mis tormentos),

El sueño (autor de representaciones), 
En su teatro, sobre el viento armado, 
Sombras suele vestir de bulto bello.

Síguele; mostraráte el rostro amado, 
Y engañarán un rato tus pasiones 
Dos bienes, que serán dormir y vello.

sábado, 26 de marzo de 2011

Escuchando a Brahms

[24 de marzo de 2011. Séptimo Concierto de Abono. Johannes Brahms, Concierto para piano y orquesta n. 1 en re menor, op. 15; Sinfonía n. 1 en do mayor, op. 68. Pierre-Alain Volondat. Orquesta de Córdoba. Álvaro Albiach, dirección. Gran Teatro de Córdoba. 20:30 horas. Lleno]

Casi como ocurre con el de Beethoven, el ciclo sinfónico de Johannes Brahms (1833-1897) ha sido objeto de numerosas grabaciones y es de los más brillantemente representados en el mundo de la fonografía. El primer movimiento de la Sinfonía n. 1, el segundo de la segunda, el tercero de la tercera y el cuarto de la cuarta (no hago juegos de palabras: es la verdad) forman parte de las músicas que todo aficionado al repertorio culto tiene en mente cuando piensa en las maravillas que dejó el género sinfónico. Y suenan a menudo (o sonaban, porque quizás esa afición a la escucha doméstica de obras largas viva horas bajas) en los aparatos de música de los aficionados de todo el mundo. ¿Qué puede aportar a éstos la escucha en vivo de estas músicas archiconocidas? Varias cosas, desde luego, pero una muy especial (enseguida veremos otra) es la posibilidad de disfrutar de la dinámica. En música, llamamos dinámica a las gradaciones de intensidad, a los planos de volumen en movimiento que tanto tienen que ver con el disfrute sensual del arte de los sonidos y que a menudo nos escamotean los medios de grabación y reproducción cotidianos. Pues bien, este aspecto con que siempre nos sorprende la escucha en directo y que tan esencial es en la música de Brahms, me pareció brillar especialmente en la dirección de Albiach. Magistralmente medidos desde el angustioso inicio de la sinfonía bajo la rítmica de los timbales, los matices dinámicos puestos al servicio de las sutiles texturas orquestales brahmsianas, tuvieron quizás momentos todavía más espectaculares en la primera parte de la velada, durante la interpretación del concierto. 
            En ello, desde luego, tuvo un protagonismo esencial el solista invitado; el magnífico pianista y compositor Pierre-Alain Volondat, comprendiendo a la perfección el carácter peculiarmente sinfónico del primero de los conciertos de Brahms, supo unirse a ese empeño por jugar sutilmente con las texturas y las intensidades, sin descuidar las medias tintas, en que basó el director valenciano su acercamiento a estas obras. Además, el solista francés añadió (y me refiero ahora a la otra grandeza de la revisita continua al gran repertorio) una concepción heterodoxa de su lectura, sobre todo en la elección de los tempi. Estas “sorpresas” añadieron un plus de frescura a una interpretación técnicamente impecable que fue ampliamente aplaudida por el público del Gran Teatro. Volondat respondió con una propina inesperada: la Danza Andaluza (op. 37, n. 5) de Granados. Como le gritó un entusiasmado oyente, Merci Monsieur.

  
Antonio Torralba

[Publicado hoy en EL DÍA DE CÓRDOBA]

miércoles, 16 de marzo de 2011

Vivaldi a capella (Cosas de Clase)

Me lo ha dado a conocer mi amigo Miguel y me ha parecido interesante y muy bien hecho, aunque sé que hay personas que tienen alergia a estas cosas "a capella".

lunes, 14 de marzo de 2011

She's always a woman



She can kill with a smile
She can wound with her eyes
She can ruin your faith with her casual lies
And she only reveals what she wants you to see
She hides like a child
But she's always a woman to me

She can lead you to live
She can take you or leave you
She can ask for the truth
But she'll never believe you
And she'll take what you give her as long as it's free
She steals like a thief
But she's always a woman to me

Oh, she takes care of herself
She can wait if she wants
She's ahead of her time
Oh, and she never gives out
And she never gives in
She just changes her mind

She will promise you more
Than the Garden of Eden
Then she'll carelessly cut you
And laugh while you're bleedin'
But she'll bring out the best
And the worst you can be
Blame it all on yourself
Cause she's always a woman to me

She is frequently kind
And she's suddenly cruel
She can do as she pleases
She's nobody's fool
But she can't be convicted
She's earned her degree
And the most she will do
Is throw shadows at you
But she's always a woman to me

miércoles, 9 de marzo de 2011

MANOS QUE CONQUISTAN LOS SENTIDOS

Como a veces publicamos colaboraciones de todo tipo, una seguidora bonaerense nos ha enviado esta crítica de un concierto del guitarrista argentino Hernán Diéguez. Como el blog tiene muchos seguidores por allá y también para que nos percatemos por aquí de la fuerza que el flamenco tiene al otro lado del Atlántico, nos ha parecido oportuno ceder este espacio a nuestra amiga.


CONMOCIÓN SENSORIAL DE UN MUNDO MUSICAL. MANOS QUE CONQUISTAN LOS SENTIDOS

"Cuando el mundo está en paz, cuando todas las cosas están en calma, cuando todas sus mutaciones siguen a las que son superiores, la música se completa, se verifica.
Cuando los deseos y las pasiones marchan por la ruta correcta, la música se perfecciona. La música perfecta tiene su causa, nace del equilibrio, el equilibrio emana del derecho, el derecho surge del sentido del mundo. Por eso sólo se puede hablar de música con un hombre que ha conocido el sentido del mundo" (…) (Hermann Hesse, Introducción del Juego de abalorios)

Me referiré aquí, en el siguiente ensayo, a la calidad artística de un músico, más aún, de un compositor de extraordinario virtuosismo y elegancia musical. Se trata de Hernán Diéguez, guitarrista argentino, autodidacta, creador de su propia ejecución.
Actualmente en escena con la obra cuyo nombre se conoce como Gira flamenca, lo mejor de Japón 2009/2010, producción en la que intervienen los siguientes artistas: Alicia Fiuri y Néstor Spada en coreografía; Claudia Montoya en canto; Fernanda de Córdoba en guitarra y, desde ya, Hernán Diéguez.
El pasado 23 de Enero visité la sala del Centro Cultural Borges con la sola pretensión de ver un espectáculo. Curiosamente me encontré con una exquisita representación musical que resulta un maravilloso marco para el desarrollo, también importante, de los cuadros coreográficos. La guitarra y su reino sensorial: una suerte de rapsodia musical que abraza una inmensidad de emociones en su estado puro. Como aterciopeladas melodías que tejen una constelación de suspiros. Esto es, una guitarra y su mano capaz de hacer llorar a los sueños.
El arte de Diéguez está más acá y más allá del lenguaje. Entonces, ¿Es posible describir su música casi perfecta,… del sentido del mundo? Pues diré que mi impresión de su belleza sonora estima percepciones de una singularidad peculiar, como cierta emoción perturbadoramente misteriosa. Un sonido poderoso, cargado de sensaciones hondas. Destacaré un solo de guitarra ejecutado por el mismísimo Diéguez, quien junto a su compañera Fernanda de Córdoba, parece expresar su arte dionisíaco.
El músico asume como fuente de inspiración diversos estilos que curiosamente logra resolver tras una identidad propia. Pero, ¿cómo poner en palabras lo que éste artista es capaz de provocar? Desde la profundidad de la empírea, el espectador es arrastrado por la prisa musical, a veces vertiginosa, de su cadencia increíble. Entre el tiempo de un movimiento y el otro se suceden una serie de armoniosas combinaciones que cautivan el ánimo de quien lo oye. Y éste, lejos de significar un simple espectador resulta pues envuelto en aquel mundo sonoro. (Revelaré como hecho a destacar que Paco de Lucía ha sido uno de sus espectadores. Pueden ustedes imaginar la predecible calidad artística)
Diéguez es un creador con un dominio mayor en la técnica de su instrumento. Su guitarra perfecciona la dulzura de sus esquíesenos y expresa su pujante naturaleza artística. Siempre en el límite de dar, sus manos parecen hilos que mueven el telar de lo vivo.
¿Qué nos depara el destino de su sonido? Su ritmo vibrante expresa cierta excitación convulsiva y sus melodías, jamás presupuestas, simulan giros locos. Así su mano sostiene armonías crueles que deja caer, para luego retornar con más fuerza aún.
En caída libre, entre el cielo y la tierra, entre la luz y las tinieblas,  Hernán Diéguez domina la técnica de su arte y pulso de las pasiones.
Un artista digno de su ser.                                                                                

 
  Isabella Azul

sábado, 29 de enero de 2011

Un concierto en do mayor

[27 de enero de 2011. Quinto Concierto de Abono. Franz Schubert, Obertura de Rosamunda, D. 644; Sinfonía n. 6 en do mayor, D. 589. P. I. Chaicovsky, Serenata para cuerdas en do mayor, op. 48. Orquesta de Córdoba. Manuel Hernández Silva, dirección. Gran Teatro de Córdoba. 20:30 horas. Lleno]

Tres magníficas obras en la brillante tonalidad de do mayor constituyeron la poderosa materia sonora del quinto de los conciertos de abono de la presente temporada de la Orquesta de Córdoba. Eran dos composiciones de Franz Schubert (1797-1828), que, aunque programadas en principio para la segunda parte de la velada, sonaron al comienzo; y una joya de Chaicovsky (1840-1893): la Serenata para cuerdas op. 48. Esta última fue sin duda el plato fuerte de la noche, no sólo por su calidad musical (superior, justo es decirlo, al de las otras dos piezas de la sesión), sino también por la hondura expresiva de que supo dotarla la lectura sobresaliente de Hernández Silva y la más que notable excelencia interpretativa de la orquesta.
Aunque de forma un poquito menos rotunda, más desigual, todo ello (calidad de música y músicos) se manifestó también en la primera parte, con lo que el concierto fue ganando pieza a pieza en intensidad; el público acompañó el crescendo con ovaciones también de longitud y calidez crecientes.  

Antonio Torralba

[Publicado hoy en El Día de Córdoba]

viernes, 28 de enero de 2011

APRENDER Y ENSEÑAR

Aunque también va a publicarse (creo) ahora en la revista de Vejer de que os hablaba el otro día, escribí esta nota el año pasado.

APRENDER Y ENSEÑAR

Desde antiguo se sabe que aprender y enseñar son como dos caras de la misma moneda. Cicerón escribió "Si quieres aprender, enseña"; y perfectamente podría haberlo formulado (otros lo hicieron) al revés: "Si quieres enseñar, aprende".
   Las aptitudes (y actitudes) para una actividad llevan aparejadas las necesarias para la otra. Y son consustanciales a la esencia del ser humano, que al parecer necesita compartir para ser feliz o para simplemente ser.
  ¿Por qué, entonces, la enseñanza pasa por momentos tan extrañamente difíciles? Imagino que hay muchas causas, pero me gustaría apuntar dos que me parecen explicativas.
   Las últimas reformas que se han hecho en España han estado lideradas por persones del mundo de la FP, que han intentado aplicar criterios de evaluación y fomento de la calidad provenientes del mundo de la empresa. Parecía partirse de la idea de que la capacitación profesional debía ser la meta desde edades tempranas. Algunas asignaturas resultaban incómodas (¿Latín?, ¿Griego?, ¿Historia de la música?), otras debían ser reformuladas hacia su aplicación más práctica (Filosofía y Ciudadanía). Se llenaron los horarios de Tecnología. En muchos centros, como no había dotación suficiente de talleres, esta asignatura práctica se volvía teórica por razones prácticas. En los casos más afortunados, suplía la falta de teatro: “a ver, imagina que tienes el berbiquí en la mano, ¿qué haces ahora?”. Mimo. Y desconcierto.
   Los institutos se llenaban de problemas porque a los profesores les cambiaron radicalmente la clientela. Era como si todos se hubieran equivocado de colegio muy temprano por la mañana. Los alumnos que venían dejaron de venir: se fueron yendo a la concertada. Y peor: Los que no venían empezaron a venir. Eran dos grupos de mucha enjundia: los del primer grado de la antigua FP y los de los dos últimos cursos (séptimo y octavo) de la EGB. Estos muchachos eran muy diversos (una palabra que…), pero tenían (tienen) en común algo que les daba (da) una fuerza enorme: no querían. No quieren. Y nadie les da motivos para querer. La motivación, sí, la otra palabra.
   En este contexto, los disparates que hemos ido viendo en los últimos años, cobraban la comicidad (vistos desde fuera), la tragedia (vistos desde dentro), el absurdo (vistos desde cualquier lado) de una obra de Ionesco. Son tantos. El más desagradable tiene que ver con la burocracia: los profesores van por los pasillos escondiéndose unos de otros temiendo que sus compañeros les pidan alguno de los innumerables papeles en cuya escritura e intercambio parece consistir ahora la actividad docente.
   Como esta revista es de alumnos y de profesores, pensando en los primeros (si alguno ha llegado hasta aquí), aclararé que los tres párrafos anteriores son sólo una explicación de por qué a veces estamos todos tan nerviosos. Tan asustados. Podríamos intentar olvidarnos de todo eso durante cada clase. Porque, a diferencia de los profesores, los alumnos sólo hacen los cursos (más o menos) una vez… Y merece la pena aprovechar esos momentos tan bonitos de aprender y de enseñar.  

domingo, 23 de enero de 2011

Propiedad Intelectual

Asi commo ha muy grant plazer el que faze alguna buena obra, sennalada mente siu toma grant trabajo en la fazer, quando sabe que aquella su obra es muy loada et se pagan della mucho las gentes, bien asi ha muy grant pesar et grant enojo quando alguno, a sabiendas o aun por yerro faze o dize alguna cosa porque aquella obra non sea tan preciada o alabada commo devia ser. Et por probar aquesto porne aqui una cosa que acaescio a un caballero en Perpinan en tienpo del primero rey don Jaymes de Mallorcas.
Asi acaecio que aquel caballero era muy grant trobador et fazie muy buenas cantigas a marabilla et fizo una muy buena ademas et avia muy buen son; et atanto se pagavan las gentes de aquella cantiga que desde grant tienpo non querian cantar otra cantiga si non aquella, et el cavallero que la fiziera avia ende muy grant plazer. Et yendo por la calle un dia oyo que un çapatero estaua diziendo aquella cantiga et dezia tan mal errada mente tan bien las palabras como el son que todo omne que la oyesse si ante non la oyie ternia que era muy mala cantiga et muy mal fecha. Quando el cavallero que la fiziera oyo commo aquel çapatero confondia aquella tan buena obra commo el fiziera ovo ende muy grant pesar et grant enojo et descendio de la bestia et asentose cerca del. Et el çapatero que non se guardava de aquello, non dexo su cantar, et quanto mas dezia, mas confondia la cantiga que el cavallero fiziera. Et desque el cavallero vio su buena obra tan mal confondida por la torpedat de aquel çapatero, tomo muy passo unas tiseras et tajo quantos çapatos el çapatero tenia fechos; et esto fecho, cavalgo et fuesse. Et el çapatero paro mientes en sus çapatos et desque los vido asi tajados et entendio que avia perdido todo su trabajo, ovo grant pesar et fue dando voces en pos de aquel cavallero que aquello le fiziera. Et el cavallero dixole :
‑ Amigo, el rey nuestro sennor es aqui et vos sabedes que es muy buen rey et muy justiciero et vayamos antel et librelo commo fallare por derecho.
Anbos se acordaron a esto et desque legaron antel rey dixo el çapatero como le tajara todos sus çapatos et le fiziera grant damno. El rey fue desto sannudo et pregunto al cavallero si era aquello verdat et el cavallero dixole que si, mas que quisiesse saber por que lo fiziera. Et mando el rey que lo dixiesse; et el cavallero dixo que bien sabia el rey que el fiziera tal cantiga que era muy buena et abia buen son, et que aquel çapatero gela avia confondida et que gela mandasse dezir. Et el rey mandogela dezir et vio que era asi. Estonçe dixo el cavallero que pues el çapatero confondiera tan buena obra como el fiziera et en que avia tomado grant danpno et afan que asi confondiera el la obra del çapatero. Et el rey et quantos lo oyeron tomaron desto grant plazer et rieron ende mucho; et el rey mando al çapatero que nunca dixiesse aquella cantiga nin confondiesse la buena obra del cavallero et pecho el rey el damno al çapatero et mando al cavallero que non fiziesse mas enojo al çapatero.

Infante Don Juan Manuel, El conde Lucanor. Prólogo

viernes, 21 de enero de 2011

Mentre dormi amor

Para la excelente revista que hace en su instituto de Vejer de la Frontera, Ana (amiga, antigua alumna, profe de música) me pidió que escribiera un texto sobre el aria de Vivaldi Mentre dormi amor (L'Olimpiade). Como ha quedado un poco largo y se publicará resumido, lo pongo aquí, que no hay problemas de espacio. 


MIENTRAS DUERMES


Cuando era niño, aunque me gustaba la música, me fastidiaban las películas en las que cantaban. No recuerdo bien si el fastidio era sólo por el idioma, pero sí que éste era ampliamente compartido por mis amigos. Y a Televisión Española (la única por entonces) le dio por poner comedias musicales americanas cada sábado. Empezábamos a ver una película y, de pronto, aparecía la sospecha. La mujer se dirigía hacia el espejo del tocador y, al llegar el cambio de ruidillo de fondo de la banda sonora original e iniciarse la introducción instrumental, ya no había duda, ni esperanza: arrancaba a cantar. Nosotros hacíamos el zapping del momento, que consistía en irse a la calle a montar producción propia de bajo presupuesto.
Sé que hablar de gustos personales no tiene mucho sentido y que las preferencias sólo crean buen rollo si se comparten; pero he arrancado manifestando ésta para recordaros que te puede gustar una canción sin que estés dispuesto a tragarte el musical; e igual pudiera darse el caso de que un aria de ópera te emocione sin que te guste la ópera como espectáculo. Y por eso he aceptado la invitación de vuestra profe de música para escribir sobre esta canción de Vivaldi: porque me gusta escucharla aun no estando por ello muy dispuesto a disfrutar de la obra de arte total: esa cabalgata interminable de romanos con plumas y larguísimos fragmentos en que los actores medio cantan y medio hablan como los niños de la lotería. En corto: me encanta este aria de Vivaldi y no me gusta la ópera a la que pertenece, ni demasiado tampoco la ópera en general.
El teatro es una cosa social, con enseñanzas o festiva, muy admirable; pero el aria es poesía, pura emoción; sí, muchas arias, como muchas canciones de ahora y de siempre, como muchos poemas, son concentrado de emoción: hay primero un placer físico como de baile y un contagio de ganas de cantar; y luego, como en el amor, el deseo infatigable de volver de nuevo al comienzo. Este deseo se cumple en parte en la forma que se llama “aria da capo”. “Da capo”, desde el comienzo… Cuando parece que va a acabarse, vuelve a sonar desde la cabeza. Y como el corazón de los enamorados –y esto lo dice un poco antes el propio personaje que canta este fragmento-, también la música “se llena de alegría con sólo pensar en lo que vendrá”.
El personaje, este muchacho que canta con voz de mujer (porque en la fantasía disparatada de la ópera nunca sabemos si cantan personas, melodías, almas o deseos), está ahora junto a un amigo que duerme. Le ha encargado que realice al día siguiente unas gestiones para conseguir a su amada sin saber que el otro también quiere a esa mujer. Todos enamorados de la misma, como en segundo de ESO.
Canta su deseo: que mi felicidad (imaginando lo que vas a conseguirme mañana) se sume al placer de tu sueño para que descanses lo mejor posible. Sobre un bajo que va repitiendo la nota fa (la más importante de la escala que utiliza este aria) los violines pintan la suave brisa que invita al sueño (¿has escuchado “Las cuatro estaciones”?). Creo que están al aire libre, porque se oye (también con un fa largo) una trompa, que es un instrumento relacionado con la caza y el campo. Y así, entre fas y dos (do es la nota que en esta escala hace desear el fa), expresa el enamorado su fantasía de entrar en el sueño del amigo: “mientras duermes, que el amor acreciente el placer de tu sueño con mi idea de felicidad”. Menos mal que la telepatía no existe y que entrar en el sueño de otro es sólo una ilusión, porque ahí cada mente iba por un lado.
Hacia la mitad, la atmósfera cambia para pintar lo que ahora se expresa: que nada interrumpa el sueño: “que el arroyo corra más lento” (fíjate en lo que ahora hacen los violines como mandando callar) y que hasta se pare el aire. Pasando por alto que alguien está cantando a voz en grito junto a la oreja del que duerme (porque en la fantasía disparatada de la ópera eso no cuenta), Vivaldi hace callar al bajo y a la trompa y cambia la escala creando un efecto que sugiere la quietud mágica de la noche (¿has escuchado el concierto titulado “La Notte”?).
Después (y en eso consiste un “aria da capo”) regresa de nuevo el comienzo; pero ya no es exactamente igual, ¿verdad? Cuando era niño, aunque me gustaba la música, me fastidiaban las películas en las que cantaban…

Antonio Torralba
Profesor de Música. Córdoba 

Así berreó Zaratustra

Fran nos manda este vídeo divertidísimo. Es una orquesta escolar sueca.

domingo, 9 de enero de 2011

The Road Not Taken

Con motivo del cumpleaños de mi amigo Dani (28) he buscado este poema.

El camino no tomado (Robert Frost)

Dos caminos se bifurcaban en un bosque amarillo; y, contrariado por no poder coger los dos, siendo yo uno solo, me quedé parado un buen rato y miré uno de ellos hasta donde dejaba ver la maleza. Pero tomé el otro, igualmente bueno, pensando que era la mejor decisión, ya que lo cubría una hierba que apetecía pisar; aunque, juzgando por lo que se veía, los dos eran muy parecidos; y ambos se mostraban esta mañana igualmente intactos, con hojas que ninguna pisada había manchado aún. ¡Ay, dejé el primero para otro día! Y aun sabiendo cómo en la vida una cosa va llevando a otra, dudaba si alguna vez debería regresar. Por los siglos de los siglos debo estar diciendo esto con un suspiro: dos caminos se bifurcaban en un bosque amarillo y yo... yo tomé el menos transitado y esa ha sido toda la diferencia.


Ésta es mi prosaica versión. Aquí el original de 1915.


Two roads diverged in a yellow wood,
And sorry I could not travel both
And be one traveler, long I stood
And looked down one as far as I could
To where it bent in the undergrowth.

Then took the other, as just as fair,
And having perhaps the better claim,
Because it was grassy and wanted wear;
Though as for that the passing there
Had worn them really about the same.

And both that morning equally lay
In leaves no step had trodden black.
Oh, I kept the first for another day!
Yet knowing how way leads on to way,
I doubted if I should ever come back.

I shall be telling this with a sigh
Somewhere ages and ages hence:
Two roads diverged in a wood, and I--
I took the one less traveled by,
And that has made all the difference.

lunes, 3 de enero de 2011

VALSES Y ZARZUELAS


[1 de enero de 2011. Concierto de Año Nuevo. Tomás Bretón, “Preludio” de La verbena de la Paloma. Reveriano Soutullo y Juan Vert, “Interludio” de La leyenda del beso. Ruperto Chapí, “Preludio” de El tambor de granaderos. Joaquín Rodrigo, Concierto de Aranjuez. Franz von Suppé, Poeta y campesino. Federico Moreno Torroba, “Chotis” de La chulapona. Johann Strauss II, Éljen a Magyar!, Voces de primavera, El bello Danubio azul.  Amadeo Vives, “Coro de románticos” de Doña Francisquita. Giuseppe Verdi, “Coro de los gitanos” de Il Trovatore. Vicente Coves, guitarra. Coro de Ópera Cajasur (Director: Diego González Ávila) Orquesta de Córdoba. Manuel Hernández Silva, dirección. Gran Teatro de Córdoba. 20:30 horas. Lleno]

Festivo y glamuroso concierto el primero del año 2011. La Orquesta de Córdoba optó por la ecléctica variedad que supone alternar obras famosas austriacas y españolas y mezclar piezas de enjundia diversa; y contó para ello con la colaboración del excelente guitarrista jienense Vicente Coves y del Coro de Ópera Cajasur.
Se corría el riesgo de producir un efecto parecido al de las comidas de fiesta de estos días: cosas muy sabrosas, muy de siempre, con caché…, aunque algo pesadas de digerir todas juntas. Pero no ocurrió, ya que el público, en mayor grado que apuestas más innovadoras y arriesgadas de otros años, pareció valorar esta elección aplaudiendo con igual entusiasmo el plato fuerte que constituía la obra de Joaquín Rodrigo (magníficamente interpretada sin amplificación por el solista) y los entrantes chispeantes de zarzuela. También celebró calurosamente el largo surtido de postres en que consistió la segunda parte, en la que el coro tuvo momentos brillantes que alternaron con otros en los que hubiera sido deseable mayor coordinación con la orquesta y algo más de potencia.
Para terminar, tras la cariñosa felicitación del Año Nuevo por parte de los músicos (y la de un espontáneo al director en su onomástica: ¡Felicidades, don Manuel!), dos propinas: Va pensiero de Verdi y esa marcha de Johann Strauss padre con que, aplaudiendo los espectadores al compás, suelen acabar los conciertos de Año Nuevo. A pesar de ser una pieza que el público tiene en repertorio desde hace décadas y de que Hernández Silva nos dirigió muy bien, hubo algunos fallos por parte del respetable que habrá que corregir en años sucesivos.  Muerto Berlanga, alguien tiene que velar por el Imperio Austrohúngaro.

Antonio Torralba





[Publicado hoy en El Día de Córdoba]