sábado, 5 de diciembre de 2009

Sonidos del Siglo XIX

[3 de diciembre de 2009. Temporada de abono. Edward Elgar, Serenata para cuerdas en mi menor, Op. 20. Niccolò Paganini, Concierto para violín y orquesta nº 1 en Re mayor, Op. 6. Ludwig van Beethoven, Sinfonía n. 2 en re mayor, op. 36. Francisco Montalvo, violín. Orquesta de Córdoba. Adrian Leaper, dirección. 20:30 horas]

Muestra interesante de la variedad musical del XIX la que ofreció el jueves la Orquesta de Córdoba. Estuvo dirigida para la ocasión por el actual director de la de RTVE, el inglés Adrian Leaper, y contó con otro invitado de lujo: el joven (17 años) y brillante violinista cordobés Francisco Montalvo.

La variedad fue cronológica (de Beethoven a Elgar), formal (una serenata, un concierto y una sinfonía), de intención estética… y, por qué no decirlo, de calidad; en efecto, un abismo separa la verdad musical de Beethoven (que hace una obra para la Humanidad) de los malabarismos un tanto intrascendentes de Paganini, quien, en cierto modo, hace una obra para sí mismo. En un punto medio (más del lado de la emoción intemporal, por supuesto), la obrita de Edward Elgar.

Su Serenata para cuerdas en mi menor, que abrió la velada, es una pieza en tres breves movimientos escrita en marzo de 1892. Los tres (en especial, el segundo) son una maravilla: piezas de ésas que deleitan por igual a los públicos versados y a los que se acercan por primera vez a las músicas cultas. Es ésta una cualidad de buena parte de la música inglesa en todas las épocas y se fundamenta en gran medida en algo que destacaron sus observadores desde antiguo: la contenance angloise es una mezcla de elegancia y sencillez.

Frente a ella, y el contraste pareció jugar en su contra, los alardes de Paganini: su concepción circense del instrumento, su idea de la forma concierto como una carrera de obstáculos a cuya meta llega el intérprete a veces, pero casi nunca la música. Era la primera vez que escuchaba en directo a Francisco Montalvo y me hubiera gustado haber disfrutado su arte con otro repertorio en el que sus cualidades evidentes (belleza de sonido, fraseo expresivo…) hubieran brillado más; y que no hubiera puesto tan al límite su indiscutible virtuosismo. Tiempo (y oportunidades) habrá en el futuro de apreciarlo y de poderse unir sin reservas a la calurosa ovación que le brindó el público que llenaba el Gran Teatro.

En la segunda parte, que nos llevaba a los albores del siglo, el disfrute fue total. Leaper nos ofreció una lectura elegantísima de una obra maestra: la Sinfonía n. 2 de Beethoven. Y la Orquesta de Córdoba estuvo a la altura. De nuevo el segundo tiempo, un Larghetto como en la obra de Elgar, alcanzó a mi juicio el punto culminante de la noche. Y nos murmuró al oído el secreto del que toda la música habla.

Antonio Torralba

miércoles, 18 de noviembre de 2009

Vox populi, vox Dei

En el tren de regreso a Viena, Mahler expresó su desconcierto por el éxito de su colega. Tenía a Salomé por una obra importante y audaz -"una de las mas grandes obras de nuestro tiempo", afirmó más tarde- y no podía entender cómo era posible que al público le hubiera gustado tan rápidamente. Pensaba, al parecer, que el genio y la popularidad eran incompatibles. En el mismo vagón viajaba el poeta y novelista estirio Peter Rosegger. Según Alma, cuando Mahler expresó en voz alta sus reservas, Rosegger contestó que la voz del pueblo es la voz de Dios: vox populi, vox Dei. Mahler le preguntó si se refería a la voz del pueblo en el momento presente o a la voz del pueblo con el paso del tiempo. Nadie parecía saber la respuesta a esa pregunta.

Alex ROSS, El ruido eterno. Trad. de Luis Gago. Seix Barral, Barcelona, 2009. pp. 26-7

domingo, 8 de noviembre de 2009

En re mayor

[6 de noviembre de 2009. Concierto de inauguración de la temporada de abono. Ludwig van Beethoven, Concierto para violín y orquesta op. 61 en re mayor. Johannes Brahms, Sinfonía nº 2, op. 73 en re mayor. Katrin Scholz, violín. Orquesta de Córdoba. David Giménez Carreras, dirección. 20:30 horas]

En re mayor, en efecto, quiso sonar la Orquesta de Córdoba en la inauguración de su temporada de abono 2009-2010. Es la “tonalidad de la gloria”, la del dorado, como la consideraba Scriabin, la de la celebración solemne…; y también la de muchos de los grandes conciertos para violín, como el monumental de Ludwig van Beethoven (1770-1827), que ocupó la primera parte de la velada en manos de la virtuosa alemana Katrin Scholz. Su interpretación y la de la orquesta, aunque no acabaron de cuajar del todo en ninguno de los tres movimientos, tuvieron bastantes momentos de belleza y emoción intensas que el público (algo menos de tres cuartos de entrada) agradeció aplaudiendo largamente.

Menos aplausos recibió (y también me pareció justo el juicio del respetable) la versión que David Giménez Carreras (el director invitado) y nuestra orquesta ofrecieron de la otra gran obra de la noche. En la Sinfonía n. 2 de Johannes Brahms (1833-1897) se oyeron acentuados algunos de los problemas de coordinación y afinación (no sólo de los vientos) que habían ensombrecido un poquito la primera parte. Y esta vez sí estuvieron a punto de arruinar el disfrute, de aguar el paseo por el campo del sur austriaco que algunos contemporáneos (buscando el paralelismo con la Pastoral de Beethoven) vieron en esta obra del verano de 1877.

Así las cosas, el bienintencionado pórtico de temporada en re mayor no lució del todo: cosas del arte, de la música, de lo humano. Cosas del directo. La temporada irá a mejor.

Una orquesta es algo vivo, que tiene días peores y mejores, que se crece con el entusiasmo, que a veces se aburre o enferma, que le duele aquí o allá. Porque es un organismo, una estructura en la que todos dependen de todos. Me viene a la mente una escena memorable de una película de Fellini, Prova d’orchestra. Dos músicos hablan de eso:
-El primer violín es el cerebro, la cabeza y el corazón de una orquesta.

-¡Y el clarinete es la minga!

Antonio Torralba

[Publicado hoy en El Día de Córdoba]

sábado, 7 de noviembre de 2009

miércoles, 4 de noviembre de 2009

López Vázquez

Una de muchas. Cuando van al prostíbulo (en La colmena) don Tesifonte Ovejero (Sazatornil) y él (Leonardo Meléndez):
- Pero ¿qué lar da, amigo Tesifonte, qué lar da?

martes, 3 de noviembre de 2009

El humor de Rossini

[1 de noviembre de 2009. Gioacchino Rossini, L’Italiana in Algeri. Gustavo Tambascio, dirección escénica. Jesús Ruiz, escenografía y vestuario. Manuela Custer, Isabella; José Luis Sola, Lindoro; Simón Orfila, Mustafá; Enric Martínez-Castignani, Tadeo; Soledad Cardoso, Elvira; Ángel Jiménez, Hally; Julia Arellano, Sulima. Coro de Ópera “Cajasur”; Diego González Ávila, director. Orquesta de Córdoba; Carlos Aragón, director musical. Una coproducción del Teatro Villamarta de Jerez y la Consejería de Cultura de la Junta de Andalucía. Gran Teatro de Córdoba. 19:00 horas. Casi lleno]

En su Vida de Rossini, Stendhal recuerda un momento memorable de La italiana en Argel. Tras escuchar el lloroso lamento de Elvira, a la que el bey Mustafá tiene abandonada en su harén, éste contesta lo más inesperado, lo más alegre, lo más natural e ingenuo que puede salir de la locura italiana: “Querida, me acabas de romper el tímpano” (Cara, m’hai rotto il timpano). Gioacchino Rossini (1792-1868) es fiel hasta el extremo a un género (el bufo) que consiste, habla de nuevo Stendhal, en una “locura organizada y completa”.

Para remar a favor de esos disparates maravillosos que organizan el libreto y la música de esta ópera, Gustavo Tambascio idea una delirante puesta en escena que traslada el argumento original a un imaginario hotel de la Argelia francesa de los años treinta: el Bey, Grand Hotel International. Mustafá es su hilarante propietario polígamo, que acaba de cansarse de su favorita Elvira; la llegada de Isabella (con look holliwoodiense) y Tadeo (un play boy con bigotillo) se justifica por un aterrizaje forzoso de su hidroavión en la playa; y Lindoro aparece como un empleado, atado a un contrato “esclavizante”. El muchacho es objeto del deseo no sólo de las jóvenes del serrallo, sino también del jefe de seguridad del hotel, Haly, quien, encarnado por el bajo Ángel Jiménez, protagoniza uno de los momentos más divertidos del montaje. Su aria Le femine d’Italia, cantada mientras se va quitando su masculino traje de jefe de seguridad y mostrando la lencería femenina que lleva debajo, evidenció que este cantante, además de una excelente voz, tiene indudables cualidades cómicas: hizo reír a carcajadas por igual al público que entiende (de ópera) y al que no.

Lo mismo puede decirse, en mayor (el Mustafá de Simón Orfila) o menor (el Lindoro de José Luis Sola) medida, del resto del reparto, que comprendió perfectamente que todo debía enfocarse en función de la sensual locura, de la guasa elegante (excelente vestuario del cordobés Jesús Ruiz) en que se fundamenta la propuesta escénica de Tambascio y su equipo. Imaginación y talento al servicio de una música deliciosa que no se puede escuchar sin sonreír. Por eso se cantaban pasajes difíciles dando saltos, temblando por el efecto de la cafeína… o como hiciera falta. Pensando antes en la dramaturgia que en el diafragma.

En lo musical, la protagonista absoluta fue la mezzosoprano italiana Manuela Custer, que cantó con admirable frescura e hizo gala de una musicalidad deliciosa. También me gustaría destacar el buen hacer del coro y de la Orquesta de Córdoba, eficazmente dirigidos por el sevillano Carlos Aragón.

El arte de Rossini, por voluntad propia y por temperamento, tuvo mucho en común con el de su admirado Mozart. Ambos comparten una concepción del teatro musical que parece tener como ley suprema la autoprohibición de rozar la línea de la grandilocuencia o de la pesadez. Ambos vinieron al mundo (una vez más, Stendhal hablando de Rossini) para ayudarnos a olvidar sus tristezas.

Antonio Torralba


[Publicado hoy en El Día de Córdoba]


PD.: Esto puede ser un rollo mío, pero algunos retratos de Rossin me recuerdan al humorista Paco Gandía.




martes, 27 de octubre de 2009

Microrrelatos y microcríticas

Propuse el célebre (y estomagante por repetido) microrrelato de Monterroso:

"Cuando despertó, el dinosaurio todavía estaba allí"

Coméntalo muy brevemente. Escribió:

"Me resulta largo"

Me hizo gracia e insistí. ¿Y el de Luis Felipe Lomelí que se llama El emigrante? Dice así:

"¿Olvida usted algo? -¡Ojalá!"

Escribió:

"¡Ah!"

sábado, 24 de octubre de 2009

Apronenia Avitia



Las tablillas de boj de Apronenia Avitia. Quien quiera compensar la visión grisácea de la película Ágora que comentábamos hace unos días, hará bien en tomar en sus manos este libro de 1984 (la traducción de Encarna Castejón para Espasa Calpe es de 2003). La lectura de las 32 páginas de la introducción es una experiencia apasionante. La de la transcripción de las extrañas notas de esta patricia que vivió, como quizás Hipatia, en el siglo IV es, además, inolvidable. Las anotaciones de Apronenia en sus tablillas de boj son extrañas por su moderna brevedad. Por su variedad también: cuentas, listas de cosas que ha de recordar, retazos de diario, memoria de placeres, olores, sabores, emociones... Cada una sin excepción (hasta las más aparentemente anodinas) es un ventanal (casi siempre más bien un ventanuco) al pasado.
Copiaría el libro entero en vez de sólo estos botones.

XXVII. Olores odiosos

Cuento seis olores odiosos. El olor que exhalan los juncos de una ciénaga desecada.
Un niño de pecho que ha vomitado la leche de la madre sobre su túnica.
La guarida de la víbora.

XXX. Palabras de borracho de Esp. Posidio Barca

Espurio se emborrachó y recordó balbuceando a Gabba, a la que amó hace cuarenta inviernos. Gabba lleva treinta inviernos muerta. Fue antes de que yo conociera a Aconia Fabia Paulina, el año en que Vetio Agorio Pretextato fue prefecto de la Ciudad, durante el consulado de Flavio Afranio Siagrio. Un hombre que alaba a una mujer que conoció hace mucho y que está muerta es muy desagradable. Despierta celos de un cuerpo que la tierra se ha tragado, de un pensamiento devorado por la nada. Una se siente estúpida e injusta.

CL. Calpetano afina su lira y canta

Las criadas colocan las sillas de tijera en torno al brasero. La oscuridad se apodera del cielo. Se han preparado infusiones con miel, y también huele a vino con especias. Calpetano entra con nosotros, afina la lira y entona el canto de los salianos y el canto de los hermanos arvales. Guardamos silencio y estudiamos la forma de los dedos de nuestros pies.

CLV. Signos de la vejez

Spatale ha dejado de depilarse el pubis

CLVI. Orificios del cuerpo

Tengo la impresión de que los nueve orificios de mi cuerpo están inútilmente abiertos. Sin duda empiezan a darse cuenta de que dan al vacío. Mis nueve orificios empiezan a hablar con el silencio de la muerte.

CLVIII. Cosas que distraen del aburrimiento

Entre las cosas que distraen en los momentos de aburrimiento, mencionaré el vino.
Oír hablar mal de los amigos o parientes.
El juego de las doce líneas.
Lavarse.
Contemplar el propio reflejo en el mármol negro de Bitinia.
Pensar en los regalos para el cuestor.
Desenrrollar un libro.
Coger la lira.
Bajar a las cocinas y comer.

CLXXX. Recuerdo de Espurio Posidio Barca

El banquete en casa de Marcela en el que Espurio, completamente embriagado, gritó tartamudeando:
-No somos animales.
Lloramos de risa

Como acaso Hipatia, Apronenia Avitia tampoco existió. Ni sus epístolas ni sus buxi están en la edición parisina de 1604 del compendio de François Juret como, a la manera de Borges, pretende hacernos creer el autor. Las tablillas es una novela, como Ágora es una película. Ficciones. Pero con un texto lleno de silencios, una mujer de carne y hueso se levanta ante nuestra imaginación a cada página. Es la diferencia.




domingo, 18 de octubre de 2009

Cani Barroco

Lo mandó primero Gabry y ahora Fran


martes, 13 de octubre de 2009

Ágora

Ayer fui al cine para ver la nueva película de Amenábar. Lo que más me gustó fue el principio: ¡el trailer de Spanish Movie!. O, quizás, más al principio aún: dos mujeres en la cola: -Coge entradas de por en medio y no se te olvide el título; acuérdate de los gatos de angora.

Luego ya casi todo me impedía entrar de lleno en la historia, casi todo me hacía ponerme en guardia; con el consiguiente fastidio. Y no me refiero sólo a la habitual dosis de sensación de irrealidad que casi siempre me produce el cine (no sólo el cine) histórico, sino a una intoxicación masiva de maniqueísmo, fidelidad excesiva al género, mala dirección de actores, ausencia de humor… Se me dirá que hay clásicos de romanos con cristianos buenos que adolecen de algunos de esos mismos defectos sin que ello les impida ser considerados obras maestras del cine. Se dice, es cierto, pero a mí no me lo parecen. Ni siquiera viéndolas como combinados de homilía y leyenda.

Volviendo a Ágora, no querría pasar por alto que hay también detalles buenos cimentados en la producción y en algunas ideas bonitas visualmente. Insertos, eso sí, en una pasta pesadísima.

Pero el verdadero coñazo (como con Mear adentro) está por venir; porque Amenábar, Amenábar,/ morro de la morrería, no será juzgado como cineasta: su película abrirá un debate interminable y aburrido. Cristianos y paganos empezarán (seguro que ya lo han hecho), leyenda propia en mano, a pelearse por ver quién de sus correligionarios fue más mártir (mártir yo, ¿mártir tú?, mártir yo, ¿mártir tú?), y más defensor de la mujer y más… más anacrónico, en suma. Con su pan (bendito o no) se lo coman.

Let it be/ I'm yours

Hace un par de lunes puse aquí la canción I'm yours de Jason Mraz. Mi amigo Miguel me dijo: "es mona, pero fíjate que es sólo la secuencia de acordes de Let it be a ritmo de reggae". Interiormente tarareé: When I find myself in times of trouble Mother Mary comes to me... y luego: Well, you done done me and you bet I felt it... No es fácil darse cuenta porque la melodía es distinta y porque cada acorde son sólo dos o tres palabras en la canción de The Beatles y lo menos diez en la del americano. Pero es verdad: I, V, vi, IV, V, I (and again and again and again).

Luego Gabry nos mandó este vídeo. Por si quedaban dudas.


lunes, 12 de octubre de 2009

Canción de otoño

Quizás se pueda traducir todo... menos lo que quiere ser música.

Chanson d'automne (Paul Verlaine)

Les sanglots longs
Des violons
De l'automne
Blessent mon coeur
D'une langueur
Monotone.

Tout suffocant
Et blême, quand
Sonne l'heure,
Je me souviens
Des jours anciens
Et je pleure

Et je m'en vais
Au vent mauvais
Qui m'emporte
Deçà, delà,
Pareil à la
Feuille morte.

[Para María]

viernes, 2 de octubre de 2009

Cosas de clase: Vivaldi y su acordeón

Tormenta de verano






Lo manda el amigo Antonio Sáez

La música y la universidad

[30 de septiembre de 2009. Concierto Inauguración Curso Universitario. E. Satie/C. Debussy, Gymnopédies. M. Ravel, Concierto para piano y orquesta en sol mayor. P. I. Chaikovski, Sinfonía n. 4 en fa menor op. 36. Alberto Nosè, piano. Orquesta de Córdoba. Irina R. Trujillo, dirección. Gran Teatro de Córdoba. 21:00 horas. Lleno.]

El que la presencia de la música en la Universidad de Córdoba sea poco menos que anecdótica no impide (antes, quizás, explica) que la institución organice cada año un concierto orquestal como quien coloca un bonito mueble de anticuario a la entrada del curso académico.

Fue precisamente el creador del concepto "música de mobiliario", Erik Satie (1866-1925), el primero de los autores programados. La velada se abrió con las dos gymnopédies (de las tres originales para piano) que orquestara Claude Debussy (1862-1918) en 1896 para ayudar a popularizar la obra de su amigo.

También el plato fuerte de esta primera parte impresionista salió de la pluma de un prestigioso amigo del singular Satie: Maurice Ravel (1875-1937). Su impactante y difícil Concierto para piano y orquesta en sol mayor, compuesto entre 1929 y 1931, a la vez que el célebre para la mano izquierda, sonó muy bien en las dos del joven pianista Alberto Nosè, magníficamente acompañado por la Orquesta de Córdoba que dirigía Irina R. Trujillo en el milésimo concierto (¡Felicidades!) de la formación. El solista italiano agradeció los aplausos con una sentida interpretación de Ständchen de Schubert.

La segunda parte fue dedicada a la Sinfonía Cuarta de Chaikovsky (1840-1893). Irina Rodríguez, que ya nos ofreció una brillante lectura de la Primera en el concierto análogo del curso pasado, supo imprimir coherencia y personalidad a cada uno de los cuatro movimientos de esta obra maestra y encantadora, sobre cuyo emocionante "programa" el autor dejó escritas interesantes observaciones. Ellas, y otras sobre las demás obras, deberían haber sido plasmadas en un programa de mano que, sin embargo, ni siquiera incluyó la enumeración de los movimientos de las piezas. Ambos “detalles” habrían redundado en el disfrute y la formación de un público que, a juzgar por las melodías programadas en los teléfonos móviles que sonaron varias veces, no parecía a priori aficionado al repertorio sinfónico.

Antonio Torralba

[Publicado hoy en EL DÍA DE CÓRDOBA]