viernes, 12 de octubre de 2007

Gérard Dou nació en Leyden el 7 de abril de 1613

Gérard Dou nació en Leyden el 7 de abril de 1613. Su padre era grabador de vidrio y de él recibió su primera formación. Después se hizo aprendiz de Dolendo, que era grabador de cobre. Más tarde, abandonó el grabado y aprendió pintura junto a Couwehorn, que pintaba sobre vidrio. Y luego junto a Rembrandt que pintaba sobre madera y sobre lienzo.
A finales de 1630 se despidió de la ciudad de Ámsterdam y volvió a Leyden donde trabajó el resto de su vida.
Era célibe.
Tenía numerosas manías. Todas tenían la característica de ser extraordinariamente meticulosas.
Pasaba por ser el pintor más lento de Leyden y sin duda del mundo. Establecía listas de exigencias en cuanto a sus condiciones de trabajo. Entre otras manías de Dou, Houbraken cuenta que esperaba a que el polvo se posara en su taller y hubiera llegado a la madera de su mesa. Entonces empezaba a pintar.
El desgaste del tiempo caía del cielo.
Dou esperaba a que el antaño se posara sobre el lugar y cubriera las cosas, su lienzo, su frente y el dorso de las manos.

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Lo que tanto admiramos en los detalles de los relatos es esa proximidad a lo real que no se puede decir.
Lo real es ininteligible: cae.
El tiempo es imprevisible: pasa.
La precisión de Houbraken es impenetrable: espera. (“Dou esperaba a que el polvo se posara en su taller y hubiera alcanzado la madera de su mesa antes de empezar a pintar.”)

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Lista de preguntas para hacer al pintor de Leyden.
¿Hacía Dou limpiar enteramente el taller tras cada nuevo cuadro?
¿Dejaba madurar dentro de sí la imagen que iba a pintar sin tocar los pinceles ni los lápices pareciendo a sus allegados que estaba cruzado de brazos?
¿Se había prendado de la sustancia del pasado?
¿Acariciaba la dulzura tan extrema y tenue del polvo?
¿O esperaba incluso cada día, cada mañana a que todo estuviera en silencio?
¿Que además nada viniera a turbar los rayos de la luz que caía de la persiana abierta, antaño siempre situada al norte?

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La tierra, los astros son el polvo de la explosión inicial que cae en la noche.
Un hombre espera en su taller, las manos sobre las rodillas, a que la tierra, el sol, la luna, los planetas errantes, las galaxias, se posen sobre sus manos.

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Un leñador del bosque del Henan se llamaba Wang Tche. Un día se entretuvo mirando a los antepasados que jugaban a las damas bajo el alero.
Cuando la partida terminó se dio cuenta de que el mango de su hacha se había deshecho. Habían pasado siglos. Frotó su rostro que se desmoronó.

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Pieter Carelsz era chantre. Su hijo fue primero carpintero (fabritius). Durante el invierno de 1640 Pieter Carelsz Frabritius conoció a Aeltge Van Hasselt. La desposó en septiembre de 1641. Trabajó entonces, como Dou, junto a Rembrandt. Murió el 12 de octubre de 1654 en la explosión de un polvorín.
El polvorín de Delft sobre la orilla.
Delft en polvo.

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Elegía humanista.
Hace 4500 millones de años la estrella del sol y su cortejo de planetas en órbita se formaron a partir de causas venidas para provocar su origen.
Esas causas son anteriores a la luz del Sol y a la tierra que lo acompaña y sobre la que intentamos mantenernos de pie.
Ciertos meteoritos llamados condritas carbonadas llevan huellas anteriores a ese tiempo.
Se llama próplidas a las lágrimas preplanetarias que el viento empuja en el espacio.
Y que caen en el taller de Dou.



Pascal Quignard, Sur le jadis (Cap. LXII). Gallimard. 2002. Trad. Antonio Torralba

1 comentario:

ANA DE LA ROBLA dijo...

Comartimos, una vez más, devoción: me encanta la elegante sensibilidad de Quignard.