miércoles, 17 de julio de 2013

LAS IDAS Y LAS VUELTAS

Las idas y las vueltas

[11 de julio de 2013. Festival de la Guitarra de Córdoba. Las idas y las vueltas: músicas mestizas. Arcángel. Accademia del Piacere. Gran Teatro de Córdoba. 21:00 horas. ]

Uno de los motores de la evolución musical es sin duda el contacto entre culturas: la mutua influencia entre grupos humanos producto del dominio, de la admiración o del simple contacto. Sin duda, podría hacerse una historia de la música (y, por supuesto y muy especialmente, de la música española) basada en ese concepto que, sin embargo, sólo de una forma muy aproximada coincide con lo que hoy en los medios se llama "fusión". Por ejemplo, mientras que el mestizaje es a menudo involuntario y a contrapelo de lo social (puedo odiarte, pero no puedo evitar que mi música asimile elementos de la tuya), la fusión obedece a un empeño deliberado, guiado por la mercadotecnia o por cualquier idea política, usada la expresión en su sentido más amplio y noble. Como la música está hecha además de una pasta especial, puedes pretender fusionar flamenco con Renacimiento y sentir el oyente que lo que mezclas es jazz con metal de los 90, por poner un caso.
            Todas estas reflexiones pudieron agolparse en la mente del oyente aficionado al flamenco y/o a la música histórica que asistiera el jueves pasado al interesantísimo concierto de Arcángel y Accademia del Piacere en el Gran Teatro. En él, Fahmi Alqhai y Arcángel, acompañados de otros cinco excelentes músicos del mundo joven del flamenco y de la música antigua, ofrecían un diálogo entre esos dos continentes musicales. Como todo experimento artístico, el edificio se asentaba por fuerza en el terreno fértil pero inestable de la duda, del tanteo. Y ello sin contar con el tema manido del purismo o la pureza, que es una pareja terminológica tan socorrida y estéril como esas de libertad y libertinaje, amistad y amiguismo, etc.
            Faltaría a la verdad si dijera que el proyecto de Fahmi Alqhai y Arcángel me apasiona. Entiendo que sólo se atisban analogías fuertes entre el flamenco y la música escrita española a partir de finales del Barroco; y, no sé si por ello, sólo las piezas finales del concierto me parecieron musicalmente sostenibles. Y entiendo igualmente, amén de otras salvedades, que la formación instrumental del lado antiguo, con tres violas de gamba y una guitarra barroca, quizás no sea la más adecuada para potenciar la intención del proyecto. Pero faltaría aún más gravemente a la verdad si no reconociera que sobre el escenario había siete músicos soberbios, virtuosos y con un sentido del ritmo alucinante y una musicalidad general portentosa. Igualmente, faltaría a la verdad si no reconociera que el público manifestó mayoritariamente un entusiasmo desbordante, estímulo que para un artista vale -y es lógico que así sea- más que cualquier crítica o autocrítica. Desde mi sensibilidad, sin embargo, la emoción estaba frenada no sólo por lo que me parecía un planteamiento general poco profundo, sino especialmente por dos detalles: la formación instrumental elegida para la ocasión y una amplificación tímbricamente desafortunada en las violas y excesiva en la percusión flamenca. Hubo momentos en que el enorme talento de los músicos brillaba sobre esos -repito, a mi juicio- obstáculos. En especial dos, casi al final de la velada: los Canarios de Gaspar Sanz y la serie final a partir de la guaracha de Convidando está la noche de Juan García de Céspedes. Me hizo salir del teatro deseando seguir la pista a estos excelentes músicos. 


Antonio Torralba