viernes, 3 de octubre de 2008

El arte de programar (El Día de Córdoba)

El arte de programar

[1 de octubre de 2008. Concierto Inauguración Curso Universitario. Peter Breiner, Concerto Grosso nº 2; Ástor Piazzolla, Cuatro Estaciones Porteñas; P. I. Chaikovsky: Sinfonía nº 1 en sol menor. Orquesta de Córdoba. Isel Rodríguez Trujillo, violín. Irina R. Trujillo, dirección. Gran Teatro de Córdoba. 21:00 horas.]

Cuando muchas orquestas siguen siendo máquinas de rumiar una y otra vez los mismos repertorios, reconforta que la nuestra burle con gracia la monotonía diseñando imaginativamente sus programas. El del concierto que pudimos escuchar anteayer con motivo de la inauguración del curso universitario no sólo se alejaba de la rutina, sino también, en cierta medida, del constante asalto al ayer en que suele consistir la música culta. Las tres obras programadas giraban en torno a las estaciones del año y su devenir. En su variedad de juegos entre lo local y lo universal, entre lo culto y lo popular y entre el pasado y el presente, simbolizaron a la perfección el espíritu de la universidad.

El Concerto grosso nº 2 de Peter Breiner (1957) es una recreación “a la barroca” de cinco famosos temas de The Beatles: A hard day’s night, Girl, And I love Her, Paperback Writer y Help. El brillante compositor eslovaco agrupó sus veinte exitosos arreglos sobre canciones del cuarteto de Liverpool en cuatro concerti grossi. Si bien el cuarto (del que, al final de la velada, sonaría Michelle como bis) no tiene referente declarado, en los otros tres Breiner parodia (en el sentido musical del verbo) los estilos de los grandes del Barroco: el de Haendel en el primero, el de Bach en el tercero y el de Vivaldi en este segundo. El espíritu encantador y burlón del veneciano no sólo se manifestó en esa divertida primera pieza, aplaudida con entusiasmo por el público movimiento a movimiento. También reapareció en la mejor interpretación de la noche: la de Las Cuatro Estaciones Porteñas de Ástor Piazzolla (1921-1992). Las cuatro obritas que compusiera el bandoneísta y compositor argentino entre 1964 y 1970 para su famoso quinteto sonaron muy bien en la versión para violín y orquesta. Aunque el escueto programa de mano no decía nada, creo que esta adaptación era la realizada por Leonid Desyatnikov en colaboración con el violinista Gidon Kremer. Tras las citas musicales de las estaciones vivaldianas que sonaron en la obra de Breiner (encantadora la del segundo movimiento de La Primavera en And I love Her, “cantada” con maestría por la solista), ahora volvían a oírse, por obra de los arreglistas de Piazzolla, nuevos pasajes de la célebre obra de Il Petre Rosso; a ritmo de tango y en un ambiente bien distinto.

Si la primera parte hizo soñar a los asistentes que llenaban el teatro cordobés con su propio pasado y con referencias, tampoco tan lejanas si bien se piensa, de cabarés porteños, tras el descanso venía un plato más contundente: la Sinfonía n. 1 en sol menor “Sueños de invierno” (opus 13) de Chaikovsky. Es obra poco conocida y no demasiado programada desde que se estrenara el 3 de febrero de 1868 bajo la dirección de Rubinstein. Ahora se trataba de embellecer nuestras vidas con días no vividos a través del tópico romántico del "viaje de invierno". Durante cuarenta minutos, con notable corrección de nuestra orquesta y con sobresaliente pasión de su directora, la noche se llenó de atmósferas brumosas y comarcas lúgubres, frías y lejanas que calaron hondo en los asistentes. Asistentes que, de nuevo, y ahora eso restaba quizás continuidad a la obra, manifestaron su entusiasmo aplaudiendo movimiento a movimiento. Estaban pidiendo claramente más música para la Universidad
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Antonio Torralba

3 comentarios:

Pablo J. Vayón dijo...

Enhorabuena, colega... :-)

Gabriel dijo...

Antonio, por uno de nuestros mensajes privados de gmail me acabo de enterar de que ahora eres cronista musical. Acabo de leer la crítica y me alegro mucho de que un periódico de nuestra ciudad cuente con "tu pluma", ¡ladrón!. Fuera bromas, me pareces todo un lujo para el periodismo cordobés.

Un beso muy grande

Fran dijo...

jejeje, qué buena la banderilla final!! (publica todas aquí, eh?)