jueves, 7 de febrero de 2008

La vida de los otros

Más que otras artes (imagino que por su aparente realismo, o por la fuerza sensorial con que nos invade), el cine hace hablar a la psique. Ésta parece dedicarse durante la proyección a contarnos a la vez la misma y otra película. "Parece que todas las películas hablan de nosotros" dicen dos personajes de Almodóvar. Eso pensé y anoté hace un año cuando vi la película La vida de los otros. Para quienes no la hayáis visto os diré que trata (situada la acción en la Alemania comunista) sobre la bondad y sobre la esperanza. Y sobre las dificultades y complejidades con que ambas cualidades humanas se desenvuelven en las sociedades.
También trata sobre la escucha: un hombre con unos auriculares se ve obligado a escuchar algo que no quiere: y ese algo es hermoso. Una música de una belleza exquisita. Digo a menudo una cosa de la que, sin embargo, no siempre estoy convencido: a veces gana la música batallas que pierden los hombres.
Dreyman (el protagonista) dice que si Stalin hubiera seguido escuchando la sonata Appassionata de Beethoven no hubría culminado la Revolución. Y aclara apasionado: ¡pero escuchándola de verdad...! Para que no le contraargumenten con lo de la música del holocausto, etc.
La pregunta es vieja. ¿Puede un alma sensible a la música incurrir en la maldad? ¿Predispone la música a la bondad?

Leo en internet:
"La banda sonora está compuesta por Gabriel Yared (¿Bailamos?, The one and only, Cold mountain, Sylvia, Bon voyage, Hanna K., Posesión, El talento de Mr. Ripley, Otoño en Nueva York, Casi perfecto). El método de trabajo de Yared incluye escribir una parte de la música de la película en la fase de escritura del guion, así que se reunió con el director en tres ocasiones en Londres para poder desarrollar juntos esta aproximación al proyecto. Por ejemplo, antes del rodaje compuso la Sonata para un buen hombre que toca Dreyman. Sebastian Koch dijo que sólo después de oír esta pieza entendió realmente cómo interpretar a Dreyman, una prueba de que el método de Yared tiene sentido ."




5 comentarios:

Anónimo dijo...

El maestro Yared estuvo en Madrid el año pasado del que tuve oportunidad de escuchar sus palabras . Puro lirismo compositivo.
S.

fmcabezadevaca dijo...

Antonio, adjunto la respuesta que envié al foro entonces:

"El otro día tuve que dejar tu mail a la mitad porque me encontraba entre el grupo A ("los que aun no la habéis visto") y tuve la intuición de que era mejor no leer el resto hasta haber pasado al grupo B ("para los que sí la hayáis visto"). Por eso acabo de terminar de leer el resto de tu hermoso texto a propósito de "La vida de los otros" .

Uf

Sí, tremendo impacto...of course, que yo también he llorado con esa secuencia, la de la sonata interpretada por Dreyman y espiada por Wiesler; y tal vez una de los logros de la peli sea el de la contención, el de transmitir la intensidad de una pulsión (por la belleza) desde un espíritu tan calmo, tan autoreprimido (con ese plano medio que obsesionó durante años al director, según cuentas). La de la valentía de mirar de frente y descubrir la belleza (de los otros) desde un lugar mucho más hostil (la vida de uno).
(es obvia la relación, pero me he acordado de la escena de El pianista, música hermosa que te salva la vida)

A menudo con mi hermana comentamos medio en broma medio en serio (y sin que parezca una frivolidad), que la vida de los otros siempre parece mejor que la propia, y que esa tal vez sea la clave de la novela, del cine o de las fotos de los viajes con los amigos, y toda la obsesión de las cámaras digitales y etc, que a menudo dejan un recuerdo aún más intenso de lo que son los recuerdos en realidad... necesitamos recordar un recuerdo mejorado, y así combatir esa injusta ley natural de que las cosas pasan, ocurren, suceden, y se van. Y el recuerdo de las cosas que han sucedido ya es otra cosa.

Y el título me emociona profundamente... La vida de los Otros, observada desde la mirilla, escuchada a través de las paredes y recreada con sus habitaciones de tiza. Una vida que se convierte en ficción ("leen el primer acto de la obra: Lenin se siente cansado..." ja ja), que continúa siendo dirigida por Wiesler (salvando la vida del Dreyman REAL), para acabar convirtiéndose en una novela (sonata para un hombe bueno, novela). Realidades que se hacen ficción; ficciones que se hacen reales.

Y, sí, por encima de todo la bondad (y la belleza)... también he llorado cuando Dreyman descubre la bondad pretérita de Wiesler, y lo observa en silencio desde el taxi (el observador observado).

Respecto a la reflexión acerca de la música y ética...sigo dudando.

un fuerte abrazo, amigo

F
"

Morgenrot dijo...

La he visto y me pareció una gran película. La estética , muy alemana; y la música tan maravillosa como la propia de muchas de las buenas películas germanas.

Por cierto, si no la ha visto, le recomiendo "Vier Minuten", -cuatro minutos-, ya debe estar a la venta, pues se estrenó hace meses. Es muy buena. También alemana.

Antonio dijo...

No he visto "Vier Minuten", pero lo haré en cuanto pueda. Muchas gracias por tu comentario.

Morgenrot dijo...

Gracias por tu respuesta Antonio,
ya ves que te estoy tuteando, espero me lo permitas.


Quisiera añadirte sobre la película "cuatro minutos" que la música es parte integrante de la mísma y elemento de posible "salvación" o de cambio en una persona , como en uno de tus comentarios en los que te preguntas si puede minorar o eliminar la violencia.
Esta película deja ese planteamiento y el espectador debe reponder.

Estoy segura, por lo que he leído en tu blog sobre tí, que no debes perdértela.

Saludos muy cordiales