jueves, 20 de diciembre de 2007

Sobre la enseñanza (I)

Me gustaría publicar aquí, poco a a poco para cansar menos, las opiniones (en forma dialogada para cansar menos) de veinte profesores de secundaria:


Ávalos
Edad: 29
Tiempo de servicios: desde 2003
Asignatura: Lengua


Antonio: Quienes escriben sobre el informe Pisa son, por lo general, políticos a la defensiva y licenciados que extrapolan sus vivencias escolares a la generalidad de los niños de su época. Por ejemplo, cuando Muñoz Molina habla (Babelia, 15.12.07) de la afición a la lectura que le supieron despertar sus maestros, ¿crees que sus reflexiones son extraporables a la mayoría de los niños españoles nacidos en 1956? Esto debería/podría estar medido, pero, puestos a opinar, ¿leen más españoles de 51 (como Muñoz Molina), de 61, de 41, de 31, de 21? ¿Cuál es tu percepción de los hechos?

Ávalos: La afirmación de Muñoz Molina es natural en alguien predispuesto por no sabemos qué factores a disfrutar de los libros; sería interesante escuchar a sus compañeros de clase. Sucede que afirmaciones de este tipo (el otro día escuché a Emilio Lledó decir algo similar) son las que tienen cierta relevancia (los compañeros de Muñoz Molina no salen en el periódico) y las que van creando la sensación, no sé si fundamentada, de que antes los jóvenes leían más (que si Julio Verne, que si Emilio Salgari, que si...). ¿Sucederá algo parecido cuando entrevisten en el futuro a una alumna mía que se haya convertido en novelista de éxito? Por otro lado, no creo que la edad sea un factor muy determinante. Hay gente joven con grado cero de inquietud cultural y ahí anda don Francisco Ayala con más de cien años leyendo vorazmente la prensa diaria. A la inversa: muchos adultos de distintos estratos socioculturales que no consideran la lectura algo productivo y un montón de chavales que se beben los "inútiles" libros de Laura Gallego.

Antonio: ¿Qué opinas del nivel de preparación del profesorado de la secundaria? ¿Crees que hay alguna correlación entre el grado de preparación y la edad?

Ávalos: Nuestra formación universitaria tiene poco qué ver con el trabajo que tenemos que realizar. En la carrera no te enseñan a enseñar y es uno mismo, con el paso del tiempo (y cierta dosis de honestidad-curiosidad), el que se busca la vida para que la cosas salgan no del todo mal. Centrándome en la Lengua castellana y Literatura, uno aprende en la facultad (?) de acuerdo a un modelo historico-formal con poca chicha comunicativa. Como profe, al principio reproduces inconscientemente ese modelo (es también el modelo de tus años BUP, ese tiempo educativo del que todo el mundo habla -ahora- con la voz entrecortada por la emoción) , pero te vas dando cuenta de que venga Sintaxis y venga Hisoria de la Literatura y la casa expresión-comprensión sin barrer (creo que estoy diciendo muchas chorradas seguidas, menos mal que esto va con seudónimo). De lo dicho, tal vez se deduce que el grado de preparación para el áspero mundo de las aulas va aumentando con la edad (en algunos casos, en otros no hay forma).

Antonio: ¿Qué diferencias notas entre las aulas en las que tú estudiaste y las actuales?

Ávalos: Meter en el mismo autobús a gente que va a distintos sitios no tiene mucho sentido (proverbio chino).

Antonio: ¿En qué crees fundamentalmente que se equivocan las administraciones educativas?

Ávalos: En mi opinión, cabe imputar a los politicastros socialistas la paulatina degradación del sistema de instrucción pública (y jode mucho que sean los tuyos los que la hayan liado de tal forma). En el caso andaluz: políticas de cara a la galería mediática ("Yo lo aprendo todo con las TIC", decía hace poco el autobombo insitucional, por no hablar del catetismo pluirilingüe) y pocas medidas eficaces: inversión en personas que atiendan a personas.

Antonio: ¿Qué te gustaría que ocurriera en política educativa a corto plazo?


Ávalos: Que las dos facciones que manejan el cotarro lleguen a un acuerdo de país serio para que uno no se vea obligado a desconfíar de los médicos-arquitectos-abogados... del futuro. Que se escuche más a los docentes que curramos a pie de obra (un poquito de demagogia pseudoproletaria nunca viene mal) y menos a las eminencias de la psicopedagogía-ficción.