lunes, 13 de junio de 2016

CERVANTES Y LA MÚSICA 97: "EL HILO DE LA CONCERTADA DANZA"

CERVANTES Y LA MÚSICA 97
EL HILO DE LA CONCERTADA DANZA

"Y la ventura, que hasta entonces mis cosas de bien en mejor iba guiando, ordenó que en aquel mesmo prado hallásemos todos los pastores del lugar, y con ellos a Artidoro, los cuales, como nos vieron, acordando luego el son de un tamborino suyo con el de nuestras zampoñas, con el mesmo compás y baile nos salieron a recebir, mezclándonos unos con otros confusa y concertadamente, y mudando los instrumentos el son, mudamos el baile, de manera que fue menester que las pastoras nos desasiésemos y diésemos las manos a los pastores; y quiso mi buena dicha que acerté yo a dar la mía a Artidoro. No sé cómo os encarezca, amigas, lo que en tal punto sentí, si no es deciros que me turbé de manera que no acertaba a dar paso concertado en el baile; tanto, que le convenía a Artidoro llevarme con fuerza tras sí, porque no rompiese, soltándome, el hilo de la concertada danza. Y, tomando dello ocasión, le dije: “¿En qué te ha ofendido mi mano, Artidoro, que ansí la aprietas?” Él me respondió, con voz que de ninguno pudo ser oída: “Mas, ¿qué te ha hecho a ti mi alma, que así la maltratas?” “Mi ofensa es clara -respondí yo mansamente-; mas la tuya, ni la veo ni podrá verse”. “Y aun ahí está el daño -replicó Artidoro-: que tengas vista para hacer el mal y te falte para sanarle”. En esto cesaron nuestras razones, porque los bailes cesaron, quedando yo contenta y pensativa de lo que Artidoro me había dicho; y, aunque consideraba que eran razones enamoradas, no me aseguraban si era de enamorado."

(GALATEA, I)