jueves, 6 de octubre de 2016

CERVANTES Y LA MÚSICA 212: "QUE CANTADOS ENCANTAN Y ESCRITOS SUSPENDEN"

CERVANTES Y LA MÚSICA 212
QUE CANTADOS ENCANTAN Y ESCRITOS SUSPENDEN

"Y otra vez cantó:
Ven, muerte, tan escondida,
que no te sienta venir,
porque el placer del morir
no me torne a dar la vida.

Y de esta jaez otras coplillas y estrambotes, que cantados encantan y escritos suspenden. Pues ¿qué cuando se humillan a componer un género de verso que en Candaya se usaba entonces, a quien ellos llaman seguidillas? Allí era el brincar de las almas, el retozar de la risa, el desasosiego de los cuerpos y, finalmente, el azogue de todos los sentidos. Y así, digo, señores míos, que los tales trovadores con justo título los debieran desterrar a las islas de los Lagartos. Pero no tienen ellos la culpa, sino los simples que los alaban y las bobas que los creen. ¡Ay de mí, otra vez, sin ventura!, que no me rindieron los versos, sino mi simplicidad; no me ablandaron las músicas, sino mi liviandad: mi mucha ignorancia y mi poco advertimiento."

(QUIJOTE II, Cap. 38)

"¿Qué cosa se pudo decir más altamente en cuatro versos?" exclamó ante los que encabezan esta cita Lope de Vega. Con justicia se hizo popular y cautivó a literatos de la talla de Jorge de Montemayor o Calderón de la Barca.

Al parecer, su autor original fue el Comendador Escrivá, un poeta valenciano del XVI no claramente identificado. Su versión aparece así en el "Cancionero General" (1511) de Hernando del Castillo:

"Ven muerte, tan escondida
que no te sienta conmigo
porqu'el gozo de contigo
no me torne a dar la vida"

A mi oído, la versión recogida por Cervantes suena mejor.