viernes, 11 de enero de 2008

Como una novela



Aunque yo acabo de descubrirlo (gracias a mi amigo Raúl) y de leerlo, seguro que muchos ya conocíais este libro interesantísimo que es, en la mejor tradición francesa, un ensayo y también un poco una novela. Escrito en 1992 por un profesor de instituto (Daniel Pennac), trata más o menos sobre la pérdida del hábito de la lectura que se da en muchas personas al pasar de la niñez a la adolescencia. Para los que no conozcan el libro, copio unos pedacitos:

La intimidad perdida...
Visto ahora en este comienzo de insomnio, aquel ritual de la lectura, cada noche, al pie de su cama, cuando él era pequeño -hora fija y gestos inmutables-, se parecía un poco a la oración. Aquel armisticio que seguía al estruendo del día, aquel reencuentro al margen de cualquier contingencia, aquel momento de silencio antes de las primeras palabras del relato, nuestra voz al fin semejante a sí misma, la liturgia de los episodios... Sí, la historia leída cada noche cumplía la más bella función de la oración, la más desinteresada, la menos especulativa, y que sólo afecta a los hombres: el perdón de las ofensas. Allí no se confesaba ningún pecado, ni se buscaba conseguir un pedazo de eternidad, era un momento de comunión entre nosotros, la absolución del texto, un regreso al único paraíso que vale la pena: la intimidad.

(...)


Éramos su cuentista, nos hemos convertido en su contable.
- ¡Pues ahora nada de televisión!
¡Vaya, sí...!
Sí... La televisión elevada a la dignidad de recompensa... y, como corolario, la lectura rebajada al papel de tarea... Esta ocurrencia es nuestra...


(...)


¡Qué pedagogos éramos cuando no estábamos preocupados por la pedagogía!


(...)


Ahora bien, este placer está muy próximo. Es fácil de recuperar. Basta con no dejar pasar los años. Basta con esperar la caídad de la noche, abrir de nuevo la puerta de su habitación, sentarnos a la cabecera de su cama, y reanudar nuestra lectura común.
Leer.
En voz alta.
Gratuitamente.
Sus historias favoritas.


(...)


Una lectura bien llevada salva de todo, incluido uno mismo.
Y, por encima de todo, leemos contra la muerte.
Es Kafka leyendo contra los proyectos mercantiles del padre, es Flannery O'Connor leyendo a Dostoievsky contra la ironía de la madre ("¿El idiota? ¡Te va que ni pintado pedir un libro con un título semejante!"), es...


(...)


... las cosas más hermosas que leemos se las debemos casi siempre a un ser querido. Y a un ser querido será al primero a quien hablemos de ellas.


(...)


... El hombre que lee en voz alta nos eleva a la altura del libro. ¡Da realmente de leer!


(...)


¿Quién tiene tiempo de estar enamorado? ¿Se ha visto alguna vez, sin embargo, que un enamorado no encontrara tiempo para amar?


(...)


Basta una condición para esta reconciliación con la lectura: no pedir nada a cambio. Absolutamente nada. No alzar ninguna muralla de conocimientos preliminares alrededor del libro. No plantear la más mínima pregunta. No encargar el más mínimo trabajo. No añadir ni una palabra a las de las páginas leídas. Ni juicio de valor, ni explicación de vocabulario, ni análisis de texto, ni indicación biográfica... Prohibirse por completo "hablar de".
Lectura-regalo
Leer y esperar.

2 comentarios:

ana del moral dijo...

Como lectora profesora, me siento identificada con el último párrafo. Por fortuna no soy profesora de Literatura y Lengua, me costaría mucho mandar la lectura como tarea obligatoria; me encanta, en cambio, recomendar libros (y películas) a los alumnos, y disfruto mucho cuando tengo la suerte de comentar un libro o una película con un niño. Me pasa pocas veces... pero me ha pasado, sobre todo en relación con el cine. Odio, por ejemplo, eso que llaman "cineforum", y los alumnos también. En los ciclos de cine que hacía en San Fernando, después de la película no se comentaba nada, nos íbamos a casa; al día siguiente los niños hablaban de la película del día anterior sin que yo les preguntase nada.

Antonio dijo...

Pues sí, tienes mucha razón. A veces hemos comentado esa mala costumbre de empezar las cosas por el "principio": por el principio de los manuales al uso. Con la música pasa igual: eso es porque uno reproduce inconscientemente al enseñar las maneras en que fue enseñado él. Estas cosas suscita el libro. En mi caso, además, despierta antiguas vivencias un poquillo dormidas, me acompaña en opiniones en las que me creía solo y me cuestiona otras sobre las que había reflexionado poco.