sábado, 5 de enero de 2008

¿Crees que puedo olvidarme de ti? K.505 (1786). Soprano, piano y orquesta

Es una pena que no esté completa en este youtube (Véronique Gens Arias de concierto y de ópera en Veritas) y que además esté desactivada la inserción personaliza (hay que clicar aquí), pero quería traer al blog este aria de concierto de Mozart (K.505), Ch'io mi scordi di te?/ Non temer amato bene, escrita en primer lugar para su inserción en el Acto II de Idomeneo (para ser cantada por Idamante), y luego revisada con piano obbligato como un regalo para Nancy Storace, la que cantó Susana en la primera interpretación de Las bodas de Fígaro.
Me parece maravilloso el diálogo entre la voz y el piano.
Pongo en color más clarito (en el original y la traducción) la parte correspondiente al recitativo previo al aria, que no está en el mencionado fragmento de V. Gens. Tomo el texto y la traducción de aquí.

Ch'io mi scordi di te?
Che a lei mi doni puoi consigliarmi?
E puoi voler ch'io viva? Ah no!
Sarebbe il viver mio di morte assai peggior!

Venga la morte, intrepida l'attendo.
Ma, ch'io possa struggermi ad altra face,
ad altr'oggetto donar gl'affetti miei,
Come tentarlo? Ah, di dolor morrei!

Non temer, amato bene,
Per te sempre il cor sarà.
Più non reggo a tante pene,
L'alma mia mancando va.

Tu sospiri? o duol funesto!
Pensa almen, che istante è questo!
Non mi posso, oh Dio!, spiegar.
Non temer, ecc.

Stelle barbare, stelle spietate!
Perché mai tanto rigor?
Alme belle, che vedete
Le mie pene in tal momento,

Dite voi, s'egual tormento
Può soffrir un fido cor?
Non temer, ecc.

¿Crees que puedo olvidarme de ti?
¿Puedes realmente aconsejarme que me entregue a él?
Y puedes querer que en vida... ¡Ah, no!
¡Mi vida sería bastante peor que la muerte!

¡Que venga la muerte, la espero sin miedo!
No podría acercar mi rostro a otro que no sea el tuyo,
ni otorgar mi afecto a otra persona,
¿cómo intentarlo? ¡Ah, moriría de dolor!

No temas, amado bien,
para ti será siempre mi corazón.
Me es imposible soportar tantas penas,
mi alma me abandona.

¿Suspiras? ¡Oh, aflicción funesta!
¡Piensa al menos qué momento es éste!
¡Oh, Dios, no puedo hacerme comprender!
No temas, etc.

¡Crueles estrellas, estrellas despiadadas!
¿Por qué extremáis tanto vuestro rigor?

Bellas almas que contempláis
mis penas en un momento tal.
Decidme si un tormento semejante
lo puede sufrir un corazón fiel.
No temas, etc.