viernes, 18 de marzo de 2016

CERVANTES Y LA MÚSICA 10: "DE LA DULCE MI ENEMIGA"

CERVANTES Y LA MÚSICA 10 
DE LA DULCE MI ENEMIGA

Era hora de volver al "Quijote". Esta vez, con un conocido pasaje de cortejo amoroso inserto en la tremenda farsa en casa de los duques que constituye el corazón de la segunda parte de la novela.

"En resolución: él me aduló el entendimiento y me rindió la voluntad con no sé qué dijes y brincos que me dio; pero lo que más me hizo postrar y dar conmigo por el suelo fueron unas coplas que le oí cantar una noche desde una reja que caía a una callejuela donde él estaba, que, si mal no recuerdo decían:
De la dulce mi enemiga
nace un mal que al alma hiere,
y por más tormentos, quiere
que se sienta y no se diga.
Parecióme la trova de perlas, y su voz de almíbar, y después acá, digo, desde entonces, viendo el mal en que caí por estos y otros semejantes versos, he considerado que de las buenas y concertadas repúblicas se habían de desterrar los poetas, como aconsejaba Platón, a lo menos, los lascivos, porque escriben unas coplas, no como las del marqués de Mantua, que entretienen y hacen llorar los niños y a las mujeres, sino unas agudezas que, a modo de blandas espinas, os atraviesan el alma, y como rayos os hieren en ella, dejando sano el vestido."

(QUIJOTE, II, Cap. 38)

Dice el musicólogo Querol (citando a su vez a Casiano Pellicer) que la letra de la canción citada es traducción de una italiana de Serafino dell'Aquila (m. 1500), aunque parece que el original primero está en Petrarca. Nuestro "Cancionero de Palacio" (fol. 127r) contiene la versión musical a cuatro voces de Gabriel Mena (m. 1528). También se conserva en Portugal (fue transcrita por Manuel Morais) una voz de una canción polifónica sobre el mismo texto, que tendría por cierto larga vida en nuestra literatura barroca.

Luis de Góngora, le daría la vuelta al mensaje de la trova ("Manda Amor en su fatiga/ que se sienta y no se diga,/ pero a mí más me contenta/ que se diga y no se sienta.")